En la búsqueda constante de mejorar nuestra alimentación, es imposible encontrarse con nuevos términos o consejos. En los últimos meses, el almidón resistente se ha convertido en un compuesto que cada vez se lee más, pero que no termina por entenderse por completo. No hay por qué asustarse, porque desde este momento, podemos mencionar que es completamente benéfico. A continuación, te contamos a detalle sobre sus efectos y cómo es que puedes aprovecharlo a favor de tu salud.
Por: Desiree Perea
Los grandes efectos que respaldan al almidón resistente
La reciente popularidad del almidón resistente en la dieta humana se ha visto impulsada por los beneficios que atrae al organismo. A grandes rasgos, podemos decir que efecto impacta directamente en el sistema digestivo y de ahí, se dirige a diversas áreas. En primer lugar, destaca que función en el intestino grueso; aquí se convierte en el mejor aliado de la microbiota intestinal.
A su vez, el colón se ve protegido en gran medida por los compuestos que genera. Por otro lado, el metabolismo también se beneficia; sin duda lo que más se aprecia del almidón resistente es que mejora la sensibilidad a la insulina. Para las personas diagnosticadas con diabetes o resistencia a la insulina, es curial.

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Por otro lado, el poder del almidón resiste evita los picos de glucosa después de cada comida. Al hacer que el proceso de absorción sea mucho más pausado, esto también se refleja en la sensación de saciedad. Prácticamente podemos decir que el almidón resiste actúa más como fibra, que como un carbohidrato energético.
¿Qué tan fácil es acceder a él?
Aunque parece que hasta hace no mucho tiempo se desconocía por completo, la realidad es que el almidón resistente siempre ha estado presente, pero de manera discreta. Esto ha ocurrido principalmente porque los alimentos que lo contienen, no se han tratado de manera correcta. Dentro del universo de guarniciones disponibles, la pasta, el arroz y el puré de papa son opciones comunes; y en cada una de ellas, se concentra este elemento.

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El truco aquí es permitir la retrogradación; ¿y cómo se logra? Fácil: cocinar y enfriar, punto. Cuando cocinar papas o arroz, el almidón se “gelatiniza” y se vuelve altamente absorbible. Para abrirle paso al almidón resistente, únicamente es necesario darle un periodo de descanso (de 12 a 24 horas) dentro del refrigerador. Y no tienes que preocuparte por el recalentado, pues el calor moderado no hace que se pierda.
Como todo en la vida, introducir el almidón resistente a la alimentación debe ser un proceso paulatino; sobretodo si no estás acostumbrado a consumir mucha fibra. La regla de oro es: ve de menos a más. Introducirlo de golpe solo provocará inflamación intestinal que es sumamente incómoda.
Los cambios en la alimentación humana no dejan de presentarse ante nosotros. Adoptarlos es decisión propia completamente, y siempre deben estar acompañados de opiniones profesionales. De esta manera, el almidón resistente se está convirtiendo en un aliado en distintos estilos de vida.
