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Frida Kahlo y su amor por la cocina mexicana

Uno de los amores de Frida fue la cocina. Con gran respeto a su país, su corazón estaba en los platillos típicos.
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Frida Kahlo amaba. Simplemente amaba, todo lo que se cruzara en su camino: la pintura, la poesía, los mercados, México, discutir, la política, Diego.

Por Michelle López – @Mich_Lv

Uno de los amores de Frida fue la cocina. Con un profundo respeto a su país, su corazón estaba principalmente en los platillos típicos, los puestos populares. Era artista de lienzo pero también una gran artista de lo gastronómico. No en el sentido estricto, puesto que nunca fue una cocinera destacada; pero en su nivel de comensal pocos hay que pudieran ganarle. Cualquier ocasión era suficiente para armar una buena comilona.

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Su boda, como una buena parte de su vida, fue en Coyoacán, en la casa de Tina Modotti. A Diego los cubiertos tradicionales le parecían demasiado burgueses, por lo que el cubierto principal fue la tortilla. Sólo usaron cucharas para la sopa de ostiones, y fueron las más baratas de peltre que pudieron encontrar en el mercado. Y, como era costumbre con Frida, esa noche llovieron pulque y tequila.

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Las bodas de Frida y Diego fueron una auténtica celebración de la gastronomía mexicana. Imagen: Terranova

Para Frida cada día especial ameritaba espectaculares celebraciones. Sus festejos de Navidad y Año Nuevo se extendían desde el 8 de diciembre hasta el Día de Reyes, y para las múltiples cenas que ofrecía compraba montones de dulces y se esmeraba por ofrecer pavo, pambazos, buñuelos, tostadas y quesadillas. Tal era su amor por las tradiciones y por festejar que la inmaculada sociedad de la época se sorprendía de encontrar a quien consideraban una “impía comunista” en plena misa de Nochebuena.

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Pese a ser una de las mujeres más revolucionarias de la historia, en la comida Frida era  profundamente tradicional. Aunque no cocinaba, estaba involucrada de lleno con el proceso: planeaba personalmente los menús de su casa, iba de compras al mercado, y crió a los hijos de Diego con pipián, moles y huauzontle. Años después, Guadalupe Rivera ha retomado estas anécdotas culinarias en libros y programas de televisión.

Le encantaba el mole con pato, y en esa época aún se podía cazar estas aves en Iztapalapa. El postre siempre consistía en infinidad de dulces tradicionales, y mientras ella vivió nunca faltaron en la Casa Azul las tortillas y el pulque. Al caer la noche, Frida y Diego disfrutaban un buen chocolate caliente con pan dulce.

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En su obra viven las frutas y flores mexicanas, protagonistas de tantas mesas. Frida siempre tuvo como prioridad exaltar lo mexicano, en su pintura, su vestir y en su comida. A 111 años de su nacimiento, este legado está más que vivo y seguirá influenciando a generaciones por venir.