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5 comidas tradicionales que les debemos a las monjas

Por: Ollin Velasco 15 Abr 2020
No todo lo que viene de las monjas es rompope, acá te decimos qué otras delicias nos legaron.



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Es imposible pensar en monjas, sin tener una imagen mental de comida. Estas mujeres, que vivían gran parte de su tiempo confinadas en conventos, fueron importantísimas para el enriquecimiento de la gastronomía nacional, especialmente en siglo XVII, durante el periodo Novohispano.

Algo que distingue a esta época, y que se manifiesta de forma palpable en la comida que llegó hasta nuestros días, es la mezcla de tradiciones e ingredientes europeos, con los de nuestros indígenas mexicanos y los de la población negra que migró al entonces territorio de la Nueva España, debido a la esclavitud.

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Para los estudiosos de dicho tema, este sincretismo cultural era la viva imagen de lo que conocemos como barroquismo.

A continuación te presentamos algunos de los platillos más importantes creados por monjas. ¿Ya los conocías todos?

Mole poblano

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Foto de Shutterstock

No solo es importante en nuestra gastronomía, sino que es uno de los mas sobresalientes a nivel mundial, cuando se habla de México. Hay varias versiones sobre el origen del mole: mientras hay quienes dicen que tiene raíces prehispánicas, la historia más extendida y aceptada es que el poblano surgió en el convento de Santa Rosa, en la ciudad de Puebla.

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A pesar de que este platillo ha cambiado con el paso de los años, los ingredientes que prácticamente nunca cambian en su elaboración son el chocolate amargo, chile ancho, mulato, pasilla y chipotle, jitomates, almendras, plátano, nueces, pasas, ajonjolí, clavo, canela, perejil, pimienta, cebolla, ajo y tortillas.

Suele servirse con piezas de pollo, espolvoreado con ajonjolí tostado y acompañado de arroz blanco.

Chile en nogada

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Foto de Shutterstock

Es también otro de nuestros emblemas culinarios. No obstante, también tiene un pasado un poco incierto. Una de las versiones dice que fueron creados por monjas agustinas del convento de Santa Mónica, en Puebla, para celebrar la Independencia de México en 1910.

A su vez, el escritor mexicano Artemio de Valle-Arizpe aseguraba que era la receta de los chiles en nogada el regalo de tres novias de soldados del Ejército Trigarante, que habían nacido en Puebla, y quienes a su regreso decidieron crear el platillo con los colores de la bandera que ostentaba el ejército.

En la actualidad, el platillo consiste en un chile poblano relleno de guisado de picadillo y frutas, cubierto por una crema de nogada y espolvoreado con granada y cilantro.

Camotes dulces

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Foto de Wikimedia Commons

A pesar de que este tubérculo se cultiva desde hace más de 8 mil años en América, la receta tradicional de dulce tradicional poblano que conocemos surgió en un claustro con monjas.

Una de las versiones más conocidas sobre el nacimiento de esta receta alude a la travesura de un niño en un convento de monjas.

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La leyenda cuenta que cierto día decidió jugarle una broma a una monja que tenía una olla al fuego. El niño vació en ella varios camotes y azúcar, para que la mezcla fuera aún más difícil de despegar de la olla.

Luego de un rato, la monja fue a ver su recipiente y encontró que en su lugar había una pasta dulce, de una consistencia y sabores excepcionales. ¡Así empezó todo!

Jericallas

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Foto de Shutterstock

Este platillo, que en realidad es un postre, no nació en Puebla, sino en el centro de Guadalajara, Jalisco. Específicamente en el famoso Hospicio Cabañas.

De entrada, el postre lleva el nombre del pueblo donde nació una de las madres superioras del Hospicio: Jérica, en España. Lo que se sabe es que era un postre que preparaban las monjas para los niños huérfanos albergados allí.

La jericalla, como seguramente ya sabes, se hace con leche, huevos, vainilla, canela y azúcar. Tiene una textura similar a la de un flan, solo un poco más granulosa.

Buñuelos

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Foto de Shutterstock

Seguro los has visto: son las hojillas extendidas y crujientes, aromatizados con miel de piloncillo, canela y clavo. Son bastante comunes en ferias de pueblos, así como en Navidad.

Ahora tienes que saber que Sor Juana Inés de la Cruz ya tenía a los buñuelos registrados en el famoso recetario que escribiera durante el virreinato. En ese entonces, aunque ya era la misma receta, se les llamaba “puñuelos”, ya que la masa se extendía con los puños sobre una mesa.

La elaboración de buñuelos sigue teniendo eco en México. Hay comunidades de monjas, como la de Santa Catalina de Siena, en la colonia Mixcoac de la CDMX, que siguen elaborándolos en grandes cantidades durante diciembre.

Más allá de eso, existen en todo el país. Y eso es bueno para el enriquecimiento de nuestra propia culinaria. Los buñuelos son un legado de los claustros, que simboliza más que una comida deliciosa: son un motivo para recordar que nuestros platillos más deliciosos provienen de la ayuda mutua de muchas culturas y muchas manos.

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