Detenerse a leer las etiquetas de los alimentos procesados que se encuentran en el supermercado es una tarea cada vez más común. Más de la mitad de la oferta contiene aceite de palma, así de alarmante es su presencia en la industria de alimentos. Para muchos, es un elemento graso más, pero no lo es. En esta nota, te contamos a detalle sobre todo lo que implica su producción, así como los efectos que tiene en el organismo si se consume frecuentemente.
Por: Desiree Perea
El riesgo que representa el aceite de palma para la salud humana
Los aceites se mantienen como un ingrediente común a nivel mundial. Tanto en cocinas profesionales como en caseras, utilizar un elemento graso es parte crucial de un sinfín de recetas. Sin embargo, en el caso del aceite de palma, el acceso a esta alternativa no es directa; accedemos a el a través de productos listos para comer o recalentar en casa.
Una de las primeras alarmas relacionadas con este producto es su alto porcentaje de grasas saturadas. Promueve el incremento de los niveles de colesterol malo, y si el consumo se vuelve recurrente, los efectos directos se aprecian en el daño de órganos como hígado y riñones.

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La versión no refinada del aceite de palma es rica en antioxidantes, vitamina E y carotenos. Este cambio en el perfil nutricional podría mejorar su reputación; sin embargo, la industria de los alimentos procesados se esfuerza en este proceso extra pues volvería el producto más caro.
El impacto ambiental también es preocupante
Además de los efectos en la salud humana, los problemas con el aceite de palma no terminan. Para atender la alta demanda del producto, el medio ambiente comienza a sufrir las consecuencias. En los últimos años, se ha forzado a una gran expansión agrícola en el sudeste asiático. Las hectáreas donde se ubica la selva tropical de manera natural se están perdiendo por completo para abrirle paso a monocultivos de palma.
Este sacrificio no solo lo sufre la vegetación, sino también los animales; especies como el orangután, el tigre de Sumatra y el elefante de Borneo están perdiendo su hábitat. Para poder sembrar las palmas, la tierra se somete a un proceso de drenado y quemado para eliminar el carbono orgánico concentrado.

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La quema de estos espacios libre cantidades impresionantes de dióxido de carbono en el ambiente; sumado a las emisiones de las grandes fábricas de distintas industrias. Y por si fuera poco, la expansión de las plantaciones no terminan por ser suficientes; los productores del aceite de palma han comenzado a desplazar a comunidades completas.
Lo que nació como una alternativa accesible para la industria alimentaria, hoy se ha convertido en una pesadilla. Así, el aceite de palma no deja de rodearse de una mala reputación. Aquí, lo importante es elegir inteligentemente; reducir el consumo de alimentos procesados es la mejor decisión. A largo plazo, estos productos dejan de cumplir con el propósito de alimentar y provocan consecuencias mayores. Llenar el refrigerador y la despensa con alimentos frescos y naturales debe ser la prioridad hoy más que nunca.
