La idea de que existe una batalla constante entre los estilos de pizza italianos es una idea que oficialmente quedó atrás. El mercado es sumamente amplio para que todas puedan co-existir en paz. El que existan diferentes propuestas, es razón suficiente para darle a cada una su espacio y reconocimiento; en esta ocasión, la pizza romana y la siciliana serán las estrellas. Ambas son exquisitas, pero presumen atributos únicos que vale la pena analizar detenidamente.
Por: Desiree Perea
Nada como el lado crujiente de la pizza romana
Describir a la pizza romana es realmente sencillo, básicamente exige una única característica: debe crujir en cada mordida. Si bien en otros estilos se agradece la suavidad, en este caso es todo lo contrario. Para asegurar que la base sea sumamente delgada, es crucial estirar la masa con rodillo; esto permite eliminar las burbujas y así, mantener un grosor uniforme.
Lograr que una masa de pizza sea crujiente una vez que termina el proceso de horneado requiere de un ingrediente graso: manteca o aceite de oliva. Al incorporar cualquiera de ellos en la mezcla base, el calor ayuda a secarlo lentamente para crear una textura quebradiza y ligera.
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También es importante destacar que la pizza romana marca su esencia cuando llega el momento del horneado. A diferencia de la pizza siciliana, requiere menor temperatura, pero mayor tiempo dentro del horno. Se deja hornear de 7 a 10 minutos y el horno debe mantenerse entre 250°C y 300°C. Mantiene la forma circular tradicional y los ingredientes base se mantienen pero un formato diferente:
- Salsa con tomates frescos
- Queso mozzarella o pecorino Romano.
Suavidad en su máximo esplendor en la pizza siciliana
Podemos decir con seguirá que esta pizza es el extremo contrario de la pizza romana. El grosor de la masa en la base es crucial, usualmente se mantiene entre 2 y 3 centímetros de alto. Tradicionalmente se conoce como ‘Sfincione’, que se traduce al español como esponja.
La forma que se le da es rectangular o cuadrada, se hornea dentro de una bandeja alta que se cubre a la perfección con aceite; gracias a esto, todos los bordes se vuelven crujientes, mientras que el interior es sumamente suave. El orden en que se arma la pizza siciliana también cambia: primero se coloca el queso (Caciocavallo), después se cubre con una salsa de tomate guisada y antes de llevarla al horno, se agrega pan rallado para absorber la humedad.

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Ambas comparten un perfil de sabor intenso. Es común encontrar a la pizza romana y a la siciliana con toppings salados y fuertes:
- Anchoas
- Aceitunas negras
- Alcaparras
- Alcachofas
- Embutidos
Probar ambas versiones recién hechas es una oportunidad que por nada del mundo se puede dejar pasar. Aunque tal vez sea necesario esperar unos minutos, nada como recibir una rebanada recién salida del horno. Tanto la pizza romana, como la pizza siciliana demuestran a la perfección el ingenio humano detrás de las cocinas italianas. Con tan solo cambiar de ciudad, el panorama de sabores y aromas cambia por completo.





