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Restaurantes

Abrimos o morimos: el grito de los restaurantes en la CDMX para salvarse de desaparecer

Por: Ollin Velasco 11 Ene 2021
Mientras el gobierno reprueba su apertura antes de tiempo, ellos se juegan la última carta para no cerrar definitivamente.


	     Abrimos o morimos: el grito de los restaurantes en la CDMX para salvarse de desaparecer

En el momento más crítico de la pandemia por covid-19 en México, el gobierno de la CDMX decidió retrasar la reapertura de restaurantes y negocios relacionados con comida hasta, tentativamente, el 17 de enero.

El semáforo rojo sigue instaurado en la ciudad y, con él, miles de establecimientos deben permanecer cerrados –sólo con servicio de delivery o pick up–, con nóminas, gastos fijos y corrientes que solventar hasta que la restricción se levante.

Por Ollin Velasco.

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Desde finales del 2020 la jefa de gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, anunció que la apertura de restaurantes sería este lunes 11 de enero; no obstante, dado la gravedad del repunte de la pandemia, esto tuvo que aplazarse al menos una semana más.

Muchos restauranteros, claro, están furiosos y angustiados. Tras este segundo cierre total de actividades in situ, aseguran que están a punto de caer en bancarrota si no les permiten reactivar un poco el ritmo de sus actividades.

Es por eso que, a pesar de haber una restricción explícita sobre la imposibilidad de apertura debido al semáforo rojo –y de declaraciones de Sheinbaum respecto de que llevarán a cabo operativos para detectar irregularidades al respecto– cerca de 600 de ellos se unieron bajo la consigna de #AbrimosOMorimos, y empiezan a abrir gradualmente sus locales con medidas sanitarias estrictas.

Hablamos con algunos de ellos y les preguntamos cuál es su postura acerca de la situación y qué piensan hacer al respecto. Esto fue lo que nos contaron:

 

Askari Mateos

Dueño del restaurante Las Tlayudas

Foto de Las Tlayudas.

Luego del primer cierre total por semáforo rojo en la CDMX, Askari vio lejana la posibilidad de estar nuevamente en esa situación. Según dice, durante el periodo de tregua luego de esa medida, sus ventas comenzaron a mejorar.

“Luego regresamos todos a encerrarnos, volvimos a instaurar las ventas a domicilio y ahí vamos, pero sin duda nuestros ingresos cayeron entre 60 y 70%. Afortunadamente, y también debido al covid, hace poco me mudé a una zona donde pago una renta más barata que la pasada, pero sigue sin ser lo mismo. Quizá pueda aguantar así durante enero, pero si el cierre se alarga mucho más es posible que no lo logre”, asegura.

Respecto de abrir este lunes 11, dice que es cauto. Ganas no le faltan para volver a subir sus cortinas y recibir comensales, pero también teme que las represalias gubernamentales por la desobediencia le cobren una factura mayor.

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“Entiendo que hay que cuidarnos, pero también me parece que podemos hacer aperturas responsables, tomando seriamente en cuenta las medidas protocolarias de prevención ante la enfermedad. Somos un gremio que ayuda a generar muchos más empleos que los que el gobierno crea y considero que deberíamos ser más apoyados y tomados en cuenta. De nuestros negocios dependen muchas personas. Va más allá de solo la gente de servicio en piso: se extiende a productores, transportistas, revendedores”, dice Mateos.

A las agravantes, afirma, hay que sumarle los altos costos de distribuir comida mediante apps de delivery, las ayudas económicas insuficientes por parte del gobierno, las rentas de locales que siguen llegando iguales que siempre, la nueva ley que prohíbe usar envases desechables de primer uso y hasta las mermas resultantes de lo variables que son a diario los pedidos que le llegan.

Para él, abrir antes de que se levante el semáforo rojo no es una idea desechada. Simplemente quiere sondear cómo se llevan a cabo las cosas estos días y, si ve que el apoyo y compañerismo del gremio es grande, quizá se arriesgue.

“Estamos valorando porque lo necesitamos urgentemente para no desaparecer, pero tampoco me quiero meter en problemas. Sé que podemos salir de esta si todos nos apoyamos, pero va a estar rudo si las partes no ceden. En caso de que las cosas no pasen como esperamos, tendremos que cambiar y buscar nuevas maneras de seguir trabajando”, asegura el restaurantero.

 

Alam Méndez Florián

Chef y socio del restaurante Pasillo de Humo

Foto de Pasillo de Humo.

Desde hace poco más de cuatro años, Alam opera un restaurante de cocina de Oaxaca en la CMDX. Cuando ocurrió el primer cierre generalizado de restaurantes en el 2020, tenía un poco de dinero ahorrado que le ayudó a sobrevivir sin servicio al público durante meses. Pero este segundo cierre lo tiene mucho más nervioso: los ahorros se acabaron y no sabe cuánto tiempo más podrán resistir viviendo sólo de delivery.

Él también es de los chefs que firmaron el documento declaratorio de #AbrimosOMorimos. A estas alturas decidió que sí abrirá su restaurante a comensales, de preferencia sólo bajo reserva.

“En estos días nos daremos a la tarea de ver cómo se mueve la iniciativa y cómo funciona; dependiendo de cómo veamos el panorama, decidiremos si seguir o no. Tenemos una gran necesidad de generar ingresos, pero si detectamos amenazas constantes contra nosotros preferiremos no hacerlo y esperar a ver qué pasa”, dice Méndez.

Una cosa que mantiene molesto al gremio restaurantero de la CDMX es el incumplimiento de las autoridades respecto del retorno de todos a partir de la fecha que se había pactado. Según el chef Méndez, eso los perjudicó porque ya tenían muchas cosas planeadas con antelación. Un restaurante vive, en gran parte, de las buenas predicciones que se hagan del futuro.

“Algo que nos molesta sobremanera es que el sector informal sigue operando de manera normal. Eso no ayuda realmente a que el semáforo cambie y tal parece que muchos no se dan cuenta de ello. A diferencia de ellos, nosotros sí pagamos rentas, impuestos y estamos siendo responsables con nuestro manejo de alimentos. Lo único que pedimos es que nos dejen trabajar, nos permitan conservar a nuestro staff y nos ayuden a disminuir el monto de ciertos costos, como los de la renta, servicios y hasta las comisiones de las apps. De eso depende, en gran parte, que realmente podamos seguir con vida.”

 

Pedro Sañudo

Director general del restaurante Antolina Condesa 

Foto de Antolina Condesa.

Desde su cama en el hospital covid que se instaló en el interior del Centro Citibanamex, Pedro Sañudo se recupera del virus y asegura que su restaurante, y el staff que trabaja para hacerlo posible han padecido mucho los estragos de la crisis, pero que no está 100% de acuerdo con abrir restaurantes antes de que las autoridades lo permitan.

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“En Antolina dejamos de entregar a domicilio un rato porque yo me enfermé y porque necesitábamos un respiro luego de todo el movimiento de Navidad y Fin de Año. Volvimos a nuestras entregas habituales este lunes 11, pero tenemos claro que reanudaremos normal cuando se nos dé luz verde. Yo firmé la carta que lanzó el gremio con la iniciativa de #AbrimosOMorimos, pero primero: estamos temerosos de que nos multen, porque sería acelerar un proceso de quiebra que hemos aplazado lo más posible y, segundo: creemos más en el hecho de ‘renovarse o morir’, en vez de hacer cosas por la fuerza”, asienta Pedro.

Antolina funciona con 15 personas actualmente. Hasta ahora han realizado comidas con causa, así como venta de guisos sellados al vacío y congelados. Así han podido sacar un poco el barco a flote. No obstante, Pedro sabe que por como siguen las cosas, lo más probable es que tengan que volver a innovar y pensar en nuevas formas para mantenerse vigentes y volver a ser prósperos.

Con los sonidos habituales del hospital en el fondo, el restaurantero asegura que si no se cuenta con un grupo económico fuerte detrás, o con un fondo ahorrado importante, el tiempo para un negocio culinario de este tipo está contado.

“Mucha gente cree que porque somos empresarios tenemos mucho dinero, pero no es así. Nosotros también solemos vivir bastante al día. Los apoyos gubernamentales, por ejemplo, se agradecen pero son insuficientes. La vida nunca volverá a ser igual y, por lo tanto, debemos adaptarnos a los nuevos tiempos y buscar formas de supervivencia. Eso sí, como industria tenemos una gran ventaja: la gente no va a dejar de comer”, dice.

 

Juan Malo

Dueño de Malavida Expendio

Foto de Malavida Expendio.

Mientras camina por una calle, entre la colonia Roma y la Doctores, Juan asegura que ve a su alrededor varios negocios que siguen operando de forma velada. Lo mismo puestos de la calle, que barberías y estéticas.

“En este momento todos estamos en una situación crítica, necesitamos conseguir sustento y no pretendo que todos ellos cierren; lo que se me hace injusto es que a nosotros no se nos permita operar abiertos y que, encima, se nos señale como si fuéramos causa de la fuente de contagio más importante”, asegura.

Él, hasta antes del nuevo semáforo rojo, tenía dos negocios: Buenavida Fonda y Malavida Expendio. Pero las cosas se complicaron por el cierre, sus números rojos lo convencieron de apoyar la causa de #AbrimosOMorimos y decidió abrir el último de ellos.

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“Siento que estamos librando nuestra última batalla porque nos encontramos al límite de gastos, casi colapsando. Hasta ahora nos habíamos mantenido sólo con plataformas de delivery, pero ello nos resulta más caro que cerrar. El problema es que si cerramos, desaparecemos de inmediato del mapa”, cuenta Juan.

Según cuenta el restaurantero, todos añoran con el regreso a un esquema similar al que se tenía hace unos meses.

“Lo único que queremos es ver llegar a nuestros clientes, acomodarlos en lugares donde se guarde una sana distancia con los demás, servirles lo que nos pidan, que aporten propinas para los meseros y nos permitan subsistir. Por lo pronto, nos la seguiremos jugando todo el tiempo que podamos, mientras contribuimos a una movilización única que le grita al gobierno que no está de acuerdo con sus medidas”, finaliza Juan.

 

Cacerolazos en la CDMX

Este lunes se llevó a cabo un “cacerolazo” simbólico en el Zócalo de la CDMX. En él participaron trabajadores del gremio, quienes protestaron haciendo sonar sus instrumentos de trabajo al tiempo que exigían la reapertura de los negocios donde trabajan. “Somos parte de la solución” fue una de las consignas más repetidas en la manifestación.

Pero esos no fueron los únicos cacerolazos que se han escuchado en la ciudad este día. Algunos restaurantes, como los de la cadena Sonora Group, también fueron visitados por autoridades que los amagaron con sanciones. En respuesta, sus trabajadores salieron a la calle a hacer ruido con sus sartenes.

Así se vivió en la sede de este restaurante en la colonia Nápoles:

El panorama es incierto aún. Se espera que en los próximos días hayan mesas de negociación con el gobierno capitalino, para debatir cómo se llevará a cabo el regreso de la industria restaurantera. De eso depende, básicamente, que muchos de estos establecimientos realmente puedan resistir esta nueva oleada de crisis.

 

 

 

 

 

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