México presume una amplia y atractiva categoría de bebidas que es imposible de ignorar. Sin embargo, cuando llega la temporada invernal, una propuesta se corona como ganador absoluto: el atole. Esta preparación espesa, aromática y profunda se mantienen vigente gracias a su versatilidad; desde frutas frescas hasta nueces, cajeta y por qué no, hasta licores. Encontrarse con el atole de tejocote no es muy común, pero sin duda, merece mayor reconocimiento. A continuación, te contamos sobre los secretos detrás de esta cálida bebida que merece un lugar en tu hogar.
Por: Desiree Perea
Paciencia, una de las claves detrás de un buen atole de tejocote
Realmente esta regla aplica para este y todos los atoles que se preparan. A diferencia del café o el té, el atole requiere de varios proceso para poder servir una versión final decente. Lograr el sabor y la textura perfecta no es tarea fácil, pero tampoco es imposible; lo primer que debes tomar en cuenta es la selección adecuada de la fruta fresca. Para esta receta, lo mejor es elegir tejocotes con una piel completamente anaranjada, sin manchas y procura tomar las piezas más grandes.
Para asegurar que el atole de tejocote tenga buena textura, es crucial retirar la piel de cada fruto. Hacerlo en crudo simplemente no es opción, pues está perfectamente adherida a la pulpa; para hacerlo sin mayor complicación, lo mejor es recurrir a la técnica de escaldado. En una olla con suficiente agua (dependiendo de la cantidad de tejocotes), se debe llevar hasta el punto de ebullición para después, sumergir los tejocotes por 10 minutos.

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La piel suele inflarse, por lo que retirar la cáscara se vuelve mucho más fácil. En otra olla, se debe calentar agua para poder disolver el piloncillo y para dejar que las ramas de canela liberen todo su sabor. Para lograr que el atole de tejocote logre una buena profundidad de sabor, la pulpa de esta fruta se licúa con una parte de leche; debe obtenerse una mezcla ligeramente espesa y tersa.
Este concentrado se agrega posteriormente al agua con el piloncillo disuelto. Por nada del mundo debe dejar se mezclarse, esto es importante para evitar que la leche se pegue en el fondo. Antes de que suba la temperatura, se agrega el agente espesante; en este caso, la fécula de maíz. De ahí, no queda más que seguir mezclando para que el atole se cocine lentamente.

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Ya sea para recibir a tus invitados o no sufrir en las noches de frío, el atole de tejocote merece un lugar en casa esta temporada. Aunque el ponche navideño es la bebida donde brilla esta fruta, el atole no es mala opción. Deja descansar a la cafetera por unas semanas y disfruta de esta histórica bebida mexicana. Como último tip, guarda el atole restante en una jarra de vidrio para alargar su periodo de vida útil.
