Flor de calabaza

Mercado de La Paz: un paseo por el tiempo

Con más de un siglo de existencia, siempre ha sido el lugar de reunión para las compras diarias
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Texto @Historiadecomal | Foto Nancy Granados | Asistente de foto Isabel Taracena

Aunque sólo queda la carcasa de su estructura original, en este recinto las abuelas aún guisan para las familias de la colonia, la gente “de paso” y uno que otro Godínez despistado. El Mercado La Paz fue inaugurado en 1900 por Porfirio Díaz, durante una época en la que el objetivo social consistía en alcanzar la modernidad europea y adoptar sus costumbres.

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Fonda de mercado

Don Porfirio Díaz vio este mercado como parte de su idea de progreso y modernización del país. Foto: Nancy Granados

La fachada de piedra roja, el letrero con tipografía del art nouveau, el piso negro y las columnas de cantera rosa permanecen como los fieles testigos que desde la Belle Époque han visto el andar de numerosas generaciones por este mercado.

De común no tiene nada, pues hasta la verdura más sencilla posee gran sabor. Esto se debe a que sus comerciantes se surten con gente de los pueblos originarios que se hallan cerca: San Pedro Mártir y Chimalcoyoc, además de Xochimilco y Milpa Alta.

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Mercado de la Paz

Entre los insumos “para llevar”, los marchantes ofrecen variedad de chiles frescos y secos Foto: Nancy Granados

La bolsa de mercado se llena con ramos de flor de calabaza, algún cacharro de peltre, gordolobo para la tos, todo lo cual va acompañado por una docena de tortillas amarillas recién hechas en el comal y tan grandes que de una sola salen tres tacos.

Tortillas de maíz

Algunos puestos de comida ofrecen tortillas de maíz hechas a mano, tan grandes que alcanzan para tres tacos. Foto: Nancy Granados

Entre sus pasillos hay guerra musical: se trata de la competencia entre “Penny Lane” y reggaetón lento con intermezzos de noticias de una tercer radio. Sí, en los mercados aún se escucha la radio, y eso le brinda encanto a la atmósfera. Otra maravilla está en los guisados, ya sean para comer allí o para llevar.

Para comenzar la clásica comida corrida nada mejor que el arroz —rojo o blanco— con huevo estrellado. Qué deleite tan grande romper la yema tierna y comer a cucharadas la combinación untuosa para después seguir con la sopa de pasta en caldillo de jitomate.

Y para llevar, como ya dijimos, existen variadas opciones de guisados: tortitas de papa, habas y nopales encurtidos, espagueti a la crema, carne en chile morita y chiles rellenos para taquear con salsa y guacamole recién martajados en molcajete.

  • Dirección: Francisco I. Madero, esq. José María Morelos, Tlalpan Centro