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Comida y Cultura

Variedades de pan de muerto en México

Por: Ava García Leeh 14 Oct 2020
Las expresiones culturales derivadas del culto a la muerte en México son muchísimas: desde artísticas hasta culinarias, hoy exploramos la del pan de muerto


	     Variedades de pan de muerto en México

Bien decía Octavio Paz que una civilización que niega la muerte acaba por negar la vida. Las expresiones culturales derivadas del culto a la muerte en México son muchísimas: desde artísticas hasta culinarias.

Una de las más conocidas es el pan de muerto; existen varias teorías respecto a su origen, por ejemplo, la que indica que cuando los españoles tuvieron contacto con el viejo mundo y con los sacrificios rituales que los mexicanos prehispánicos acostumbraban –aquellos donde le sacaban el corazón a una mujer virgen, lo sumergían en una olla con amaranto y luego lo mordían, a modo de ofrenda a los dioses- sustituyeron el corazón por un pan de trigo que se cubría con azúcar pintado de rojo, simulando la sangre de la doncella. Así, la tradición prehispánica se casó con las costumbres cristianas.

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Con el paso del tiempo, el pan de muerto se fue convirtiendo en lo que conocemos hoy: ese pan redondo que representa el círculo de la vida y la muerte y que está adornado con cuatro “huesitos” o canillas que se acomodan en forma de cruz para hacer referencia a los cuatro rumbos del universo. Cada uno va dedicado a un dios distinto: Tezcatlipoca, dios de la oscuridad; Tláloc, dios de la lluvia; Quetzalcóatl, la serpiente emplumada y Xipetotec, dios de la regeneración del maíz y de la guerra. El huesito del centro del pan representa el cráneo del difunto, y el agua de azahar con la que se aromatiza es por el recuerdo de los fallecidos.

pan de muerto

Foto: Shutterstock

El pan de muerto no escapa a la tradición mexicana -irreverente y variada- del pan dulce; por eso, en cada región este pan se prepara de manera distinta. Por ejemplo, en Guerrero, el pan de muerto es redondo, como en forma de dona, y va cubierto de azúcar rosa; se llama despeinada.

En algunos lugares del país, sobre todo –aunque no solamente- en Chiapas, Oaxaca, la Ciudad de México y el Estado de México se hacen las ánimas, panes en formas de humanos o de animales (antropomorfos o zoomorfos) que se adornan con masas coloreadas.

En Oaxaca se hace el pan borrego, que tiene la forma de este animal. La cabeza y las patas están hechas de azúcar. También en Oaxaca se prepara el pan bordado, que se decora con masa pintada para simular las blusas bordadas de la región. Este pan, al igual que las galletas miniatura, que también se elabora en Oaxaca, lleva una cara de alfeñique.

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pan de muerto de oaxaca

Foto: @elpatadeperro

Las expresiones de culto a la muerte en la cultura alimentaria no paran ahí: también se pueden ver en las ofrendas, que se ponen cada año para que los difuntos, en su retorno transitorio al mundo de los vivos, puedan llegar a visitar a sus familiares o seres queridos.

Tradicionalmente en las ofrendas se ponen los alimentos que a los difuntos les gustaban en vida -mexicana costumbre del itacate- por si al fallecido le da hambre en su camino de regreso al Mictlán, el lugar del eterno reposo de los muertos. Por eso se cree, también, que si al levantar la ofenda nos comemos algo de lo que le dejamos a los muertos, ya no tendrá sabor, pues los difuntos se han llevado su esencia.

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