
Ajo Blanco consiguió transportarme a al Mediterráneo desde el primer bocado. En cuanto crucé sus puertas, la Ciudad de México quedó atrás por unas horas para dar paso a una atmósfera que evocaba las costas del Mediterráneo. La luz cálida, los materiales naturales, el aroma del aceite de oliva y una cocina profundamente conectada con el mar construyen un espacio donde cada comida invita a bajar el ritmo y disfrutar del placer de compartir la mesa.
Por Melanie Beard
Un rincón del Mediterráneo en la Ciudad de Mexico
La propuesta de Ajo Blanco encuentra inspiración en España y en las distintas culturas que abrazan el Mediterráneo. El producto ocupa siempre el lugar principal. Pescados frescos, mariscos, verduras de temporada, excelentes aceites de oliva y recetas tradicionales, todas reinterpretadas con una mirada contemporánea.

Cada platillo conserva la esencia de su origen mientras incorpora pequeños detalles que aportan creatividad y personalidad sin alterar el equilibrio de los sabores.
Entradas que conquistan desde el primer momento
La experiencia comenzó con un delicioso montadito de sobrasada con miel. La intensidad especiada del embutido encontraba un maravilloso contraste con la delicadeza de la miel.
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Después llegó el platillo que terminó convirtiéndose en mi favorito de la noche: el gazpacho de ajo blanco con boquerones. La cremosidad de la almendra, la frescura de la sopa y la intensidad salina de los boquerones creaban una combinación elegante, refrescante y llena de profundidad.

Los boquerones y anchoas acompañados de tomates asados y aguacate ofrecían una deliciosa mezcla de acidez, untuosidad y frescura, mientras que el taco de jaiba suave con salsa romesco demostraba cómo la tradición mediterránea puede dialogar perfectamente con un formato mucho más contemporáneo.
Los arroces, protagonistas de la mesa
Hablar de Ajo Blanco también significa hablar de sus extraordinarios arroces. Un verdadero rincón del Mediterráneo en la Ciudad de Mexico.
El arroz meloso de hongos con tuétano y jamón fue uno de los grandes momentos de la comida. Su textura cremosa envolvía cada ingrediente con una profundidad de sabor construida lentamente, donde el tuétano aportaba una sedosidad extraordinaria y los hongos una intensidad perfectamente equilibrada.

El arroz negro de sepia, chipirón y calamar ofrecía un carácter completamente distinto. La tinta aportaba complejidad sin dominar el conjunto, mientras que el punto exacto del arroz permitía apreciar la riqueza marina de cada bocado. Dos interpretaciones diferentes de una misma tradición, ejecutadas con técnica y absoluto respeto por el producto.
Un restaurante para volver una y otra vez

Ajo Blanco demuestra que la cocina mediterránea encuentra nuevas formas de expresión cuando se trabaja con ingredientes de gran calidad, sensibilidad y una profunda comprensión de sus raíces.
Cada visita se convierte en un recorrido por sabores luminosos, productos extraordinarios y recetas que celebran el placer de comer sin prisas. Un restaurante que consigue capturar la esencia del Mediterráneo y traerla hasta la capital mexicana con una elegancia tan natural que invita, inevitablemente, a regresar.
Para más información: Ajo Blanco