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Comida y Cultura

Tras 65 años, la Cafetería Trevi de la CDMX agoniza bajo el peso de la gentrificación

Por: Ollin Velasco 29 Jul 2020
Una inmobiliaria logró comprar el edificio donde se encuentra, y ahora el negocio tendrá que cerrar sus puertas el 4 de noviembre.


	     Tras 65 años, la Cafetería Trevi de la CDMX agoniza bajo el peso de la gentrificación

Dos terremotos, crisis económicas y el paso del tiempo. La Cafetería Trevi sobrevivió a todo durante 65 años. Menos a la gentrificación.

Un oficio llegó cierta mañana de 2018 a las manos de los cerca de 40 condóminos del edificio conocido popularmente como Trevi, ubicado al lado poniente de la Alameda del Centro Histórico de la CDMX. En él se les informaba que había intenciones de vender el edificio y que, por ellos aún vivir ahí, tenían la oportunidad de juntar 80 millones de pesos para salvarlo en plazo de un mes.

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Pero no había opción de pagar cada quien por su departamento o local comercial. Eran los 80 millones o dejar que el proceso de compra siguiera su curso y, eventualmente, irse.

Poco tiempo después los habitantes del edificio, incluidos los dueños de la Cafetería Trevi, se enterarían que una inmobiliaria llamada Público, a través de Banca Mifel, estaban detrás de todo. Desde entonces buscaban convertir el inmueble de arquitectura art decó en un espacio de coworking, o de renta mediante plataformas móviles de hospedaje.

La “lucha por quedarse” –como la llama Julio César Castillo, actual dueño de la cafetería– se extendería por dos años. Recién venía lo peor.

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Oro y escombros

La Cafetería Trevi es un viejo ícono del centro de la CDMX. Comenzó como un pequeño restaurante del italiano Franco Pagano, donde se vendían lo mismo cafés, que pastas europeas y atisbos de cocina mexicana. Con el tiempo la ubicación afortunada del local, así como las recomendaciones de boca en boca, hicieron que se volviera lo importante que fue.

Casi desde su inicio de operaciones un joven llamado José Luis Dávila, de 15 años, entró como garrotero y mozo del lugar. Se quedaría durante prácticamente toda la vida útil del establecimiento. Era el tío de Julio César Castillo. A ello se debe que este último tuviera recuerdos de la Trevi casi desde que empezara a tener uso de razón.

Las mesas rojas y eternas de la cafetería vieron lo mismo a Fidel Castro y el Che Guevara planear estrategias para la revolución cubana, que a miles y miles de juristas, escritores, reporteros y trabajadores de la secretarías de gobierno o corporativos aledaños, comiendo puntualmente desde las 8 de la mañana y hasta las 10 de la noche.

También era punto de reunión del mundo de la farándula que pululaba por el Teatro Blanquita, el Hidalgo y el Metropolitan, así como de procesiones enteras de santacloses y reyes magos a finales de diciembre e inicios de enero. La Trevi era para entonces sólo de comida mexicana casual y podía o no gustarle a la gente, pero todos sabían que sus cafés lecheros, sus comidas corridas en horario de oficina y sus tertulias artísticas interminables, eran una institución.

Foto de Cafetería Trevi

Su época de oro fue entre los años sesenta y ochenta. En aquel tiempo, según Julio César Castillo, a ciertas horas era imposible entrar. En las noches y fines de semana no sólo se pedían platillos y cervezas a la mesa, sino también cumbias y salsas para bailar donde hubiera espacio.

“Tengo recuerdos de mí, siendo chiquito, intentando fallidamente abrirme paso entre la gente. Aquellos días en la cafetería fueron muy alegres y felices y con ellos quiero quedarme”, asegura.

Hasta que el terremoto de 1985 lo destruyó todo a su alrededor y la ruina cayó sobre la atmósfera con olor a desayuno de la Trevi. El negocio entero tuvo que renacer de entre los escombros de los edificios cercanos, como el Hotel Regis, que colapsaron tras los 8.1 grados de furia que se sintieron sobre el suelo lacustre de la CDMX.

Todo cambió. El dueño italiano estaba aterrorizado por lo ocurrido, se mudó a Mérida y vendió la Cafetería Trevi al tío de Castillo. Pasaron varios años de restablecimiento arduo y de sobrevivir a pesar del hecho de que pocos eran los que se aventuraban a visitar el Centro Histórico, que se había vuelto un tanto inseguro y lucía descuidado.

“A partir del 2000 pasó algo que no esperábamos. Andrés Manuel López Obrador se había vuelto el jefe de gobierno de la ciudad y, para recuperar el Centro Histórico, dio apertura a que la iniciativa privada lo remodelara. Quien más metió las manos en eso, claro, fue Carlos Slim”, asegura Castillo.

Según él, fue bueno porque el resultado transformó para bien la cara de la zona y porque atrajo a mucha más gente; pero malo, porque eso se reflejó en rentas altísimas y el inicio de una curva constante de gentrificación. Así fue despoblándose el Centro Histórico, dice.

En 2015 el tío de Castillo, luego de un accidente que lo dejó imposibilitado para seguir al frente de la Trevi, le pasó simbólicamente la batuta a su sobrino.

“Yo no era cocinero, ni nada, pero sabía perfectamente cómo funcionaba el lugar. Cambiamos un poco la carta, remodelamos el lugar y decidimos seguirle. Esto atrajo a nuestros clientes de siempre y eso nos hizo felices”, asegura Castillo.

Pero de nuevo llegó la desgracia. El 19 de septiembre del 2017 un terremoto de intensidad 7.1 quebró a una nueva CDMX. Otro terremoto. Y aunque el recuento de los daños físicos no fue tan grave como en 85, la sacudida que le esperaba al edificio Trevi, y a la cafetería, vendría en forma de un oficio anunciando la venta del inmueble, aquella mañana del 2018.

Batallas contra gigantes

Fueron días de no dormir para todos. En el documento se les avisaba que, si en un mes no podían juntar 80 millones de pesos, la propiedad cambiaría de manos y tendrían a ellos que desalojar el lugar.

“Era obvio que no íbamos a cumplir con eso. Ya lo tenían bien planeado. El edificio era habitacional y en él vivían todo tipo de personas: desde jóvenes con o sin trabajo, hasta personas de la tercera edad. Decidimos presionar por todas partes para que lo inexorable no ocurriera. Hablamos de lo arbitrario de dicha medida en medios de comunicación, eventos que hacíamos nosotros mismos y lo que pudiera filtrarse de persona en persona”, dice el dueño de la cafetería.

Al mismo tiempo se creó una red llamada 06000 Observatorio Vecinal del Centro Histórico, mediante el que vecinos del edificio Trevi y personas interesadas en el tema comenzaron a visibilizar la gradual gentrificación del Centro de la ciudad, así como los desalojos constantes que se constataban en sus calles y de los que casi nadie hablaba.

Seis condóminos del inmueble, entre los que estaba Julio César Castillo, decidieron levantar una demanda para evitar que los sacaran de vivir ahí. Se asesoraron con abogados y comenzaron a sufrir por amedrentaciones y los embates naturales del proceso.

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Pero el paso del tiempo y el desgaste económico menguaron sus fuerzas. Uno a uno se fueron retirando de la contienda. La inmobiliaria entró a desmantelar los edificios que poco a poco iban desalojando, hasta dejar el edificio como un cascarón por dentro.

La Cafetería Trevi resistió todo lo que pudo, pero finalmente entendió que luchar contra un ente con tanto poder e influencia, terminaría por hundirlos, y anunció su salida de la esquina que le diera cobijo por 65 años.

“Fue muy triste, pero tuvimos que hacerlo. Alguien de confianza nos dio aviso de que los de Público soltarían un as legal que traían bajo la manga. Lo más probable es que ya no aguantáramos ese golpe, así que decidimos dialogar y negociar. Después de tantos buenos momentos, lo último que quiero es ver las sillas y mesas de la cafetería en la calle. Es lamentable cómo el poder económico que tienen algunas personas, así como las omisiones de parte del gobierno que les permiten hacer sus malas jugadas, nos tengan a tantos en esta situación”, asienta Castillo.

El plazo para entregar el local se cumple el próximo 4 de noviembre. En tanto llega la fecha, los desayunos, comidas y cenas de la Cafetería Trevi seguirán sirviéndose puntualmente de las 8 de mañana, a las 10 de la noche.

Foto de Cafetería Trevi

El dueño del lugar dice que ha explorado la posibilidad de que el negocio no muera. Se encuentra en la búsqueda de locales a precios razonables que le permitan migrar su sede, pero dice que todo está inalcanzable para sus posibilidades.

“Aún no sabemos si eso pase o no. Pero algo que me deja muy tranquilo es que, a pesar de que donde estábamos pongan un Starbucks, o un Airb&b, todos sabemos que esa es la esquina de la Cafetería Trevi. Nos quisieron sacar a la mala, pero la verdad es que nos quedaremos ahí por siempre.”

 

 

 

 

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