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Comida y Cultura

Burgerman: el zar catador de hamburguesas de la CDMX

Con motivo del Día Internacional de la Hamburguesa, entrevistamos a Burgerman, el amante empedernido de la fast food más popular del mundo.
Burgerman: el zar catador de hamburguesas de la CDMX

Burgerman es un personaje de la Ciudad de México que habla de hamburguesas cual si respirara. Hace cerca de 13 años abrió un blog personal para hablar de su comida favorita en la vida. Ya está tan entrenado en ello, que no sólo se ha vuelto una institución en la materia, sino que es nada más y nada menos que eso: el hombre hamburguesa.

Por: Ollin Velasco 

Sin embargo, ese no es su nombre ante el Registro Civil. Con todas las de la ley, este amante de la fast food más popular del mundo se llama Marcello Lara. Te puede resultar conocido por sus ocupaciones alternas como guitarrista de Moderatto y de Los Señores Blues Band; ejecutivo disquero en su propia compañía y exgerente de la estación de radio Reactor 105.7.

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Cuando se trata de comer, Marcello Lara le cede el micrófono a Burgerman y todo se reduce al universo finito de un patty de res encerrado entre dos bollos. Eso, asegura él, es el milagro necesario para que ocurra el platillo por el que ha mapeado toda la Ciudad de México, varios estados de la república y casi cualquier lugar del extranjero en donde lo asalte el hambre y el antojo.

Según cuenta él mismo, su amor por las hamburguesas empezó cuando era niño. Asegura que no recuerda el momento exacto en el que le empezaron a gustar tanto, pero que desde que tiene consciencia ha sido así.

“Recuerdo perfecto que afuera de mi escuela había una sucursal de Burger Boy. Me encantaba comer ahí. También me gustaban mucho las de Tom Boy. Ahora ninguna de esas marcas existe, pero sin duda marcaron a toda mi generación”, dice.

No obstante, sí hubo un momento en el que cayó en cuenta de lo mucho que las prefería sobre otras comidas. Fue en un viaje a Tijuana, que terminó llevándolo a Estados Unidos. Allá probó varios ejemplares que lo convencieron de su afición. Desde entonces, nunca la dejó de lado. Se volvió parte de su vivir cotidiano.

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Burgerman ha viajado mucho. En gran parte por Moderatto. Ello le ha permitido probar hamburguesas nacionales y transcontinentales que le han calibrado las papilas gustativas. Si se le pregunta, confiesa que muchas de las mejores que están en Chicago y Nueva York, pero que sin duda en la capital mexicana también se ha llevado grandes y gratas sorpresas.

“Sí tengo un ranking de hamburguesas de la CDMX. En este momento, mis favoritas son las de La Burguesa, Eloise, The Palm, It Burger y One and Only. Pero me gusta seguir probando y llevándome sorpresas. Uno nunca sabe lo que se va a encontrar en la siguiente aventura. Obvio, también me he llevado malas experiencias: sabores sin chiste, carne cruda, dolores de estómago. Esto ha sido divertido”, cuenta.

Burgerman tiene reglas. La más inquebrantable: no reseñar expendios callejeros de hamburguesas. No porque no sean buenos, sino porque considera que “juegan en canchas distintas y no es justo que un restaurante pague impuestos, y un carrito ambulante no.”

Otro de sus preceptos, más por salud que por gusto real, es comerse un máximo de tres hamburguesas a la semana. Eso sí: de lunes a domingo ha de conocer siempre un sitio nuevo. Casi nunca por invitación; más bien, por recomendaciones de amigos o seguidores de su labor como profeta del patty.

Luego de 13 años de ensayarse en su hobbie gastronómico (que eventualmente se volvió trabajo) favorito, cree fervientemente que la hamburguesa perfecta no necesita de barroquismos, extravagancias o sabores que se vendan como “hilos negros”.

Su perfección, dice, radica en lo bien que se lleven un pan, que aguante el embate de la grasa, con la humedad de la carne de res, así como que se trata de un disco bien formado, que guarde una relación sana con su cocción. El queso y los demás ingredientes son acompañantes.

Burgerman es un personaje que habla de hamburguesas cual si respirara. Y con toda la razón. Tras años de ensayo y error no queda más que reconocer que, en efecto, él es el Señor de la Hamburguesa.

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