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¿Por qué casi todas las cocineras en Street Food Latinoamérica son mujeres?

Por: Andrea Vázquez Azpiroz 20 Ago 2020
Tradicionalmente, la cocina es una actividad doméstica asociada a las mujeres: se realiza dentro de la casa, en el espacio privado. Los hombres eran los encargados de las labores fuera del hogar, en los espacios públicos.



	     ¿Por qué casi todas las cocineras en Street Food Latinoamérica son mujeres?

La serie Street Food Latinoamérica cuenta historias de perseverancia e identidad a través de la comida. A partir de la comida callejera, el espectador puede conocer a qué saben y a qué huelen las calles de Buenos Aires, El Salvador, Oaxaca, Lima, Bogotá y La Paz.

Los capítulos conectan las historias de un o una protagonista con otros vendedores y vendedoras para hablar de casos de marginación, trabajo duro y superación personal; todo desde la cocina: hay una historia de vida detrás de cada puesto. Y es especialmente notable que, de los seis capítulos, sólo uno está protagonizado por un hombre.

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Tomás Matsufuji, o Toshi, es el dueño del restaurante Al Toke Pez. “Yo soy un perdedor”, relata Toshi mientras cuenta su historia: él, hijo de uno de los restauranteros más emblemáticos de Perú, estudió en una escuela privada y, después, hizo un doctorado en Química en Inglaterra. Decidió hacer a un lado su carrera universitaria para dedicarse a la cocina: primero trabajó como lavaplatos en el restaurante de su padre. Cuando puso su negocio, optó por una cocina más divertida e irreverente, la cocina callejera.

Las historias de las mujeres no van por el mismo camino. Ellas, pertenecientes a grupos vulnerables y sobrevivientes de distintos tipos de violencia, tuvieron que recurrir a la cocina para salir adelante o para sacar adelante a sus hijos: “Hice lo que podía hacer” cuenta Doña Vale, de Oaxaca, mientras explica que, para proveer a su hija, y como madre soltera por elección, tuvo que lavar sábanas en un hotel por las noches y vender fruta en el mercado en el día, hasta que pudo poner su puesto de memelas, con tan sólo cien pesos.

Doña Suzana, cocinera brasileña, narra que aprendió a cocinar de su madre, y relata cómo fue su atropellada llegada al mundo de los restaurantes. Al fondo, se alcanza a ver la fachada exterior de su casa, decorada con un letrero: “Aquí adentro tengo todo lo que necesito”.

street food latinoamérica suzana

Foto: Netflix

Hay una diferencia, que sí es generalizada y traspasa las fronteras de la serie que nos ocupa: desde hace siglos, y debido a esquemas de dominación, para las mujeres, cocinar es un trabajo. Para los hombres, una profesión.

Tradicionalmente, la cocina es una actividad doméstica asociada a las mujeres: se realiza dentro de la casa, en el espacio privado. Los hombres eran los encargados de las labores fuera del hogar, en los espacios públicos. Por lo mismo, la cocina es una de las pocas actividades que “se permite” que las mujeres realicen en espacios públicos (sin que resulten transgresoras para su entorno), sobre todo en sociedades de mentalidades más tradicionales.

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Así, una mujer cocinando, está haciéndose productiva con una “extensión” de su trabajo en casa. La buena noticia es que, aunque la cocina sigue siendo una actividad que (de nuevo, debido a esquemas de dominación que han estado vigentes por siglos) cumple con lo que se espera de una mujer, esto les permite a las cocineras ganar dinero para ellas mismas, es decir, obtener su independencia económica. De paso, comparten el espacio público históricamente reservado para los hombres.

streetfood latinoamerica mujeres

Foto: Netflix

No debemos perder de vista que los trabajos de las cocineras en la serie siguen siendo bastante precarios: falta visibilizar a las mujeres que, por oportunidades distintas a las cocineras de Street Food Latinoamérica, lograron conquistar los restaurantes de lujo.

Así que ahora ya lo sabes. Desafortunadamente, la predominancia de las mujeres en Street Food Latinoamerica tiene origen en la desigualdad de género y en la violencia ejercida a las mujeres que, con tenacidad y fortaleza, logran superar situaciones de vulnerabilidad. Eso significa que comprarle a una cocinera es, también, ayudarla en el camino hacia su libertad financiera, y ayudar wa3ea que más mujeres como ella se apropien de los espacios públicos.

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