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Un breve recorrido por la comida dentro de los campos de concentración

Por: Pamela Trejo 09 Ene 2022

La comida en los campos de concentración era muy escasa y la mayoría de ella estaba podrida aún así existía y variaba entre papas y sopas.

Como bien sabemos el genocidio ejercido a los judíos (principalmente) durante la Segunda Guerra Mundial fue un acto atroz de la barbarie humana, la comida (si es que le podemos llamar así) en los campos de concentración era otra de las maneras de ejercer poder a los que permanecían privados de su libertad en estos espacios, aquí te contamos sobre lo que comían en estos lugares.

Por Pamela Trejo 

Rutina dentro de los campos de concentración 

Para poner en contexto, describiremos un poco de la rutina que los prisioneros judíos vivían dentro de los campos de concentración. Al frente y en el mando de cada campo de concentración se encontraba el Lagerkomamandant que siempre iba acompañado por su equipo de oficiales que se encargaban de los prisioneros. A la par y dentro de las jerarquías, los Kapos eran aquellos hombres que de alguna manera tomaban el liderazgo junto con otros presos del campo y muy de vez en cuando intentaban mejorar su situación de vida.

Foto de Eduardo Arostegui en Flickr.

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Una vez ahí, los prisioneros tenían tareas desde el amanecer: arreglar la litera, hacer formación y una forma de trabajo que no podríamos entender con pesadas tareas que incluían cargar minerales o rocas, la “comida”, otra formación y al final del día el regreso a las literas. Entre otras actividades obligadas como reuniones religiosas y culturales que los prisioneros realizaban. Recordemos que las mujeres y los hombres estaba separados, pero ambos vivían la misma pesadilla.

La comida dentro de los campos de concentración

Los prisioneros siempre tenían hambre. En las mañanas y en las noches, después de pasar las listas, tomaban un sustituto de café con un pedazo de pan duro y rancio o hasta con moho.

La comida generalmente consistía en una sopa aguada con nabo, papa o algunas otras verduras casi podridas, muy de vez en cuando llegaban a tener carne de caballo en estas sopas. En la noche tocaba una porción de queso, jamón o salchicha.

Foto de Antonio Vaccarini en Flickr.

Cada uno de los prisioneros tenía un envase, palto, jarra taza o algo que fuera de aluminio para recibir sus raciones de comida, en muchas ocasiones cuando algún prisionero moría algún otro tomaba su envase, cautelosa y estratégicamente se formaban dos veces para así obtener más raciones. Algunos otros daban viajes a los basureros del campo que se encontraban afuera de las “cocinas” para encontrar algo que hiciera un poco menos dura su hambre.

Pláticas de comida en los campos de concentración

La escritora Laurie Repport en uno de sus artículos nos cuenta que dentro de las literas en las que dormían aproximadamente 500 prisioneros se hablaba de cocina como una manera de remembranza y de memoria a la que las mujeres y hombres no estaban dispuestos a olvidar.

Eli Wiesel, sobreviviente del genocidio, en su libro “La Nuit” “La Noche” publicado en 1958, relata que se hizo un concurso y él ganó al describir los platillos de su tierra natal. Su relato fue tan preciso que todos imaginaron los sabores y texturas que ofrecían los platillos, así como el deseo de poder probar aunque sea una vez más algún tipo de comida real.

Foto de Maria G. Gallego en Flickr.

El final

Cuando la Guerra concluyó y los prisioneros fueron liberados, el ejercito soviético y los soldados aliados buscaron alimentar a todos aquellos sobrevivientes del holocausto, sin embargo dada la desnutrición muchos de ellos murieron al no poder digerir la comida. Así que se estudiaron e investigaron las maneras correctas de volver a alimentar a los ahora ex presos. Muchos de ellos quedaron con varios trastornos físicos y mentales debido a tantas torturas.

Foto de Rodrigo Paredes en Flickr.

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