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Tres con todo arriba del ring

Por: Gourmet de México 27 Mar 2018
Nos dimos a la tarea de juntar a la lucha libre con la comida y el diseño, ahora te toca disfrutar el talento de estos […]



	     Tres con todo arriba del ring

Nos dimos a la tarea de juntar a la lucha libre con la comida y el diseño, ahora te toca disfrutar el talento de estos personajes del ring.

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El cuadrilátero, un plato o un block de notas son lienzos en los cuales la gente satisface su hambre de creativida y alimenta a sus personajes.

Por Raquel del Castillo @Raquel_Pastel, Producción Fernanda Balmaceda @fer_balmaceda, Fotos Miguel Ángel Manrique @Mannfotografo  y Román Gómez @playadura

En esta esquina: los tacos

Don Jesús es un justiciero para nuestra dieta taquera, ataca a las caries dentro de su consultorio dental, convoca a los aficionados de la lucha libre en la porra de Tepito y, por si fuera poco, se sube al cuadrilátero para cumplir con un ritual: se agacha en cunclillas junto al vencido de la noche y palmea con fuerza a un metro del suelo para luego levantar el brazo del ganador, el héroe de la noche a quien el público le gritó buenas y malas fortunas por amor, odio o puro desestrés.

Su taquería es un negocio de herncia que emprendió su padre José Isabel Ornelas Barajas –mejor conocido como Chabelo-. Llegó de San Francisco del Rincón, Guanajuato, para establecerse con su familia. Entre sus oficios repartidos estaba la preparación de carnitas para vender los fines de semana, mientras que de lunes a viernes ofrecía en las cantinas del centro de la capital una canasta repleta con quesadillas de sesos y carne. “Recuerdo que  mi papá regresaba a casa tomado, sin quesadillas, sin el dinero y sin la canasta”, comentó Jesús mientras admiraba el ring  de la Arena México. “yo creo que intercambiaba sus cubas por comida”, continuó.

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Después de estar por varios años como un taquero ambulante y exclusivamente los fines de semana, don José dio un giro, puso un puesto que transitó por varias banquetas. Jesús tuvo hambre de algo mñas grande y transformó ese “changarro de colonia” en un local estable, por lo que en los setenta además de tener un depósito de fierro viejo, abrió su casa para la venta de carnitas, luego en el Canal del Norte y por último en la Colonia Emilio Carranza, sitio de reunión para los rudos, técnicos, gladiadores y aficionados que semana a semana se dan cita para defender a sus enmascarados mientras comparten el taco.

Él ha visto como espectador y parte del show la evolución de la lucha libre en México. “Hace unos 30 años este deporte era satanizado. Era visto como algo popular y de barrio, ahora es diferente, vienn de todas las clases sociales”, afirma. “De niño, cuando no alcanzaba el mostrador, mi héroe era El Santo”. Éste es un mundo alterno del cual, a sus 49 años de edad, ya se sabe los trucos de los profesionales del ring, “porque las caídas y los golpes duelen, pero incluso así hay que aprender a caer, a rodar; mi entrenamiento con Cuchillo (Jaime Carrillo) fue muy exhaustivo”.

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Taquería Chabelo
(Premio Nacional de Calidad 2016)
Ferrocarril de Cintura 247, Colonia Emilio Carranza
T. 55 5795 1234
www.taqueriachabelo.com

Princesa Sugehit @PrincesaSugehit

Ella es una amazona mexicana que conoce las partes rudas y técnicas de este negocio. Lleva 20 años realiando llaves bajo la máscara de una mariposa. Su comienzo no fue fácil, pues a los 16 años de edad les decía a sus papás que iba a los entrenamientos de voleibol. Ellos le creyeron a la regia, hasta que sus máscaras y su equipo de entrenamiento la delataron.

“Yo solita me animé a ser luchadora, aunque mi mamá me dijo que no aguantaría”. Su constancia y un entrenamiento en el anonimato la hicieron fuerte. Fue hasta que un día, sin previo aviso, tuvo el llamado para tener su primer encuentro en Villa Juárez, Nuevo León, donde hizo una dupla con la Flor de Loto en contra de La Intrusa y Pantera Salvaje.

Como buena norteña, a ella le gustan las carnes asadas y todo lo que tenga que ver con la carne roja. En 2004 le quitó la máscara a la canadiense Dark Angel (Sarah Stock). Hay que decir que la máscara es la piel de los luchadores, un elemento muy preciado para mantener su identidad arriba del cuadrilátero.

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Blue Panther Jr. (1986) @bluepantherjr
Generación 2014

Este joven luchador tomó la profesión de su padre, Blue Panther, a quien le hubiese gustado que su hijo eligiera otra profesión, pero Blue Panther Jr. continúa con la tradición de subirse al cuadrilátero, pues “es algo que ya se tiene en los genes”. Desde pequeño, echaba sus maromas, pateaba y se ponía una máscara para jugar y actualmente lo hace como modo de vida, Él, como sus demás colegas, “vuela”, porque quien no lo hace no es luchador, afirma. “Ahora la gente exige mucho de nosotros, espera ver superhéroes, luchadores que castiguen a sus contrincantes sin piedad. Antes las sanciones entre los compañeros no eran tan severas, además de que sus carreras duraban más tiempo. Mi papá ya cumplió 38 años en esto y no tiene lesiones, pero en mi generación es diferente, tengo compañeros lastimados”.

Con respecto a los antojos, nos cuenta que es bien cafetero, y que después de cada lucha requiere comer algo azucarado por aquello del desgaste calórico.

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Bala Jr.

Su batalla más dura y signiricativa fue contra su padre: Hombre Bala Sr. “Estaba comenzando y no tenía mucha experiencia, fue un contrincante difícil, creo que quería enseñarme lo dura qu era esta profesión. No me tuvo piedad, perdí pero no dejamos de hablarnos porque lo entendí bien”, comparte Bala Jr., un luchador con 25 años de edad que además de sostener encuentros con su padre, los ha tenido con otros familiares: Pirata Morgan y El rey Bucanero, parte de la dinastía Ortiz.

Después de estos rivales, cualquier otro personaje que se interpusiera en su carrera sería un poco más fácil. Él es del barrio de Nezahualcóyotl, una zona brava de ambiente difícil, según nos cuenta. Le encanta la velocidad cuando toma vuelo con las cuerdas, pero también cuando se sube a una moto. Confiesa que le gusta ir rápido y que pese a un accidente que tuvo, continúa montándose en ellas. Lo que le gusta de la máscara es la “doble vida” que le da, la capacidad de anonimato y de poder subirse al metro como cualquier mortal, de esos que no resisten el sabor del pollo frito capeado porque, auqnue esté a dieta, tiene un huequito para saciar su antojo.

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Astral

Nació como luchador arriba del ring el primero de diciembre del 2009 y además de enmascarado es físicoculturista. A pesar de la disciplina y la dieta rigurosa, cae en la tentación de comer pan o pizza o tomar refrescos de dieta. Uno podría pensar que con sus siete años de práctica, subirse al escenario enmarcado por cuerdas es cosa de todos los días, pero el nerviosismo sigue presente. “Siempre está la emoción de subirse y hacer algo nuevo. Cuando deje de sentir estas emociones, me retiraré por completo”, sentenció.

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Todo momento es ideal en el ring, pues “cada uno de nosotros tiene una batalla distinta; la maña es mucho más importante que la fuerza y hay que ser astuto. Esto es un show con luces, equipo y un público que enloquece. Aunque el ring parece fácil, es duro; es algo real que aguantamos por nuestra preparación de años y por la adrenalina”.

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Vaquerita @Vaqueritavaque

“Estar en el mundo de la lucha, supuestamente de hombres, es un privilegio. Nuestro género ha trabajado mucho para tener una posición en este oficio; hay que ser persistentes. Yo soy luchadora y tengo entrenamientos fuertes como los de mis compañeros, a pesar de eso, me cuido mucho de no perder el toque femenino y verme como una nena dentro de mi trabajo”, platica Vaquerita, una mujer que detrás de la máscara luce los ojos maquillados y los labios rojos.

Además de ser luchadora, es entrenadora personal. En el ring ella ve la posibilidad de “sacar todos sus demonios y frustraciones porque al final es un personaje que actúa dentro de una película entre el bien y el mal”. Su trayectoria la ha llevado a Japón y sabe que su vida en este mundo luchístico está marcada por las lesiones que peuda sufrir. En su dieta es muy estricta, por el momento lleva un régimen alcalino y ama los mariscos y el arroz.

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Sin límite de imaginación

Jorge Alderete, mejor conocido como Dr. Alderete, traza en su libreta personajes de la cultura popular nacional desde una perspectiva psicodélica de ese México underground y mágico con aires nostálgicos; es también músico a su manera con Gallo Negro, un proyecto en conjunto con los Twin Tones y Telekrimen, que combinan sonidos andinos, guapachosos y psicodélicos que invitan a la fiesta popular, a cerrar la calle y a bailar.

Uno de sus recientes trabajos disfribuido de forma masiva es el boleto del Sistema Colectivo Metro, de la seroe de mercados mexicanos. A fines del año pasado, en las taquillas del gusano naranja, se podía encontrar su ilustración dedicada al Mercado Jamaica. De hecho, su encuentro con éstos le resulta fascinante por todo el colorido que le contagian a su vida diaria y que logra transmitir a sus piezas gráficas.

Es un argentino que disfruta de los asados en la azotea, pero también de los tacos por la madrugada después de ir al Alicia, un foro cultural al que asiste desde que llegó a México hace 20 años. Esta especia de club social personal se fue formando con el tiempo y le ha permitido establecer amistad con los músicos, quienes al ver su trabajo le piden que colabore en los diseños de sus portadas.

Su espíritu creador requiere el caos, de los elementos que lo mantengan despeirto y de la presencia continua del factor sorpresa. “Cuando vine a México por primera vez, no tenía expectativas y conocía muy poco, pero éste es un punto –hasta ahora- a favor porque no deja de sorprenderme. Cada quince minutos hay algo nuevo: hoyos en las aceras, tránsito, manifestaciones: son cosas que me hacen estar alerta”, confiesa. Por todo esto no tomó el sabor necesario hasta que regresó de Europa, “en donde habita el orden. A los dos meses ya estaba aburrido, fue entonces cuando me reconocí latinoamericano. Ahí entendí que mi vida necesita un poco de desorden con el cual darle sazón a la vida; es como los tacos, comerlos en la calle tiene su encanto, saben diferente”.

El artista gráfico es de una generación educada con la Bauhaus y que “nada tiene que ver con la realidad latinoamericana”. Él es de aquéllos que rompieron las reglas para forjar una identidad en sun trabajo dentro de una colectividad. “Empezamos a mirarnos, entendemos nuestra realidad, las coincidencias y las diferencias. Ya no comparamos el modelo gringo, nos ocupamos por la diversidad, por ver al diseño como algo personal con lo cual acercarnos más al arte”.

Cuando se logran interpretar los signos, como lo hizo Dr. Alderete con la cultura popular mexicana, hay un reconocimiento, pues se trata de algo distinto. “Cuando te identifican como autor, hay una línea muy delgadita entre el diseño, el arte y la ilustración que a mí no me preocupa. Lo que hago todo el tiempo es ir de un lado a otro de estas líneas”.

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www.jorgealderete.com

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