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¿Por qué los mexicanos disfrutamos al comer distintos insectos?

Por: Colaborador 04 Mar 2021
Dentro de la dieta del mexicano, el consumo de insectos es básico: no sólo por su alto valor nutricional, sino por su gran trasfondo cultural.



	     ¿Por qué los mexicanos disfrutamos al comer distintos insectos?

Desde siempre, México se ha caracterizado por tener una cocina que aprovecha al máximo todos los recursos a su alcance: desde carnes, flores, verduras, legumbres, chiles y por supuesto insectos. Toda esta riqueza ha moldeado la cocina tradicional mexicana como la conocemos en la actualidad.

Por Luis Ángel Cruz Simón.

La entomofagia se define como la práctica del consumo de diversos insectos y también se le llama antropoentomofagia. En México esta práctica se remonta a la época prehispánica y fue reconocida gracias al código Florentino (documento que describe la vida y obras de las culturas indígenas de Mesoamérica), en el que se especifican y describen alrededor de 90 especies de insectos para consumo humano (actualmente se conocen más de 500 insectos comestibles).

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Foto de Pixabay.com

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Los insectos en México son un signo de referencia cultural a través de la religión, la medicina, el lenguaje, la alimentación y cultura culinaria. Estos se preparan y se consumen comúnmente en tacos, salsas en molcajete, tamales, harinas, sopas, cremas, caldos, guisados y hasta como botana. Tienen participación hasta en el mundo del alcohol. Existen en mezcales con chinicuiles, vodka con escorpiones, tequilas perfumados con hormigas chicatanas, aguardientes con grillos o chapulines, etc.

Los insectos en la sociedad mexicana

Desde la época prehispánica y hasta nuestros días, los insectos se comen principalmente en zonas rurales y pueblos indígenas. Ello se debe a que en dichos lugares se busca la conservación y preservación de sus tradiciones y patrones alimenticios, además del conocimiento tanto en la preparación del insecto para el consumo humano, como en su transformación culinaria en platillos.

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En las grandes ciudades a este producto se le atribuye un valor de excentricidad y extravagancia, ya que no son consumidos todos los días –tanto por factores de transporte y recolección, como por disgusto del algunas personas–. Además, el ramo restaurantero los agrega como un signo de finura en sus preparaciones, por lo que son caros y difíciles de encontrar. Un ejemplo es la Ciudad de México, donde se sirven en restaurantes como Pujol, Chapulín, Comedor Jacinta y Sud 777.

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Foto de Comedor Jacinta

La otra cara de la moneda: en ciertos lugares también se les relaciona con la pobreza y el consumo marginal. Para muchos, incluso, esta práctica es desagradable: algo conocido como el “factor asco”, en un documento oficial publicado por la Organización Mundial para Agricultura y la Alimentación (FAO)–.

Alternativa mundial

Según la FAO, los insectos podría ser el alimento del futuro, debido a sus propiedades nutritivas: son ricos en proteínas, fibras, además de tener micronutrientes como hierro, calcio, magnesio, fósforo, manganeso, selenio y zinc. Se considera que poseen más nutrientes que las proteínas convencionales como la res, el pescado, el pollo y el cerdo, así como que os gases de efecto invernadero que producen son inferiores a los que genera el ganado convencional.

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Los insectos son benéficos porque pueden alimentarse tanto de residuos biológicos o alimentarios, así como de residuos humanos, animales, organismos, abonos, que se pueden transformar en proteínas de buena calidad.

Con ellos, también, se pueden generar diferentes productos a partir de su transformación en harinas, tales como galletas, barras y bebidas energéticas, suplementos alimenticios, etc. que pueden ayudar a combatir la mala alimentación en el mundo.

 

 

Luis Ángel Cruz Simón es escritor e investigador especializado en patrimonio cultural gastronómico de México; actualmente es redactor de La Ruta de la Garnacha.

 

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