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Luis Gerardo Méndez: Vino para aficionados

Por: Gourmet de México 22 May 2018
Sus viajes, su pasión por el arte y la gran sensibilidad que lo caracteriza, han llevado a Luis Gerardo a conocer el mundo del vino. Una de sus grandes pasiones.



	     Luis Gerardo Méndez: Vino para aficionados

Es cierto que nada en la vida llega por casualidad. Pero también es verdad que uno tiene lo que construye, y es así como Luis Gerardo Méndez ha llegado a convertirse en uno de los jóvenes actores más destacados de la actualidad en nuestro país, gracias a su esfuerzo, talento, actitud y pasión. Lejos de sólo representar a un personaje: El Javi, de Nosotros los nobles,  Miguel o Faustino; el joven con trastorno de personalidad de La clínica, o el chico que padece el síndrome de Asperger, Christopher, en El curioso incidente del perro a la medianoche, Luis Gerardo ha consolidado su carrera justamente por su versatilidad y sus impecables interpretaciones.

Por Gabriela Rentería Fotos Víctor González

Amante eterno del teatro, estudiante de la vida, le encanta viajar y traer anotaciones de sus viajes. Hace unos años comenzó un recorrido por el mundo del vino y sigue en él, probando, admirando la labor que hay detrás de una botella y apreciando la vitalidad que cada vino tiene. Esta nueva pasión lo ha llevado a conocer viñedos, ciudades, personajes maravillosos… y nosotros queremos que conozca más y nos comparta sus experiencias.

Luis Gerardo Méndez: una sobremesa sobre vino

Su apreciación es la de un apasionado, un entusiasta y un consumidor, como muchos de nosotros lo somos. Más que una entrevista esta es una plática, una rica sobremesa que sucedió algún día de diciembre en la terraza de Gloutonnerie, donde probamos excelentes vinos y estupenda comida. Aquí, Luis Gerardo interpretándose a sí mismo: un chico sensible, dedicado y con un futuro lleno de excelentes augurios.

¿Qué tan atrás existe el vino en tu memoria?
En mi casa, desde que era muy niño, mi papá nos enseñó a tomar, éramos muchos primos y había toda una discusión entre todos mis tíos sobre qué era mejor, si darles de beber a los niños desde chicos o no. Mi papá era de la idea de que sí, de que se nos diera desde chavos, 13, 14 años para que comenzáramos a saber qué te hace el vino estando con ellos…

Y, por supuesto, eso influye en cómo bebes, aprecias el vino ahora…
Claro. En la moderación, desde luego. Yo recuerdo una o dos grandes borracheras en toda mi vida y por circunstancias muy específicas, mezclar con una medicina, estar muy cansado, pero en general sé tomar muy bien. Cuando tomo sé hasta qué punto siempre. Conozco muy bien mi cuerpo en relación con el alcohol.

Eso, digamos, es el primer acercamiento, pero cómo comienza la pasión por este mundo.
Mi papá y mis tíos hablaban de vinos todo el tiempo y a mí a esa edad no me interesaba saber de eso, pero la información se quedó en mi cerebro y hace tres años me vino de golpe, cuando me empecé a interesar en este universo. Mi curiosidad se reforzó cuando me nombraron embajador de una tienda de vinos y empecé a ir a catas cada semana. Ahí entendí que el vino es un arte.

¿Qué fue lo que más te atrajo?
Me impresionó mucho cómo los especialistas explican cada vino con tanta pasión, me parecía muy interesante cómo podían hablar tres horas de un solo vino. Nos explicaban todas estas notas, texturas, colores.

Después vino tu primera experiencia en un viñedo…
Viajé a Chile hace poco más de un año y fue como mi master class porque estuve cuatro días en bodegas increíbles, con los enólogos explicándome todo lo que hay detrás de una botella. Todo lo que yo no sabía.

Toda esa complicación atrae, ¿no crees?
Sí. A mí que me gusta lo complicado, pues me interesó muchísimo, porque me pareció tan elaborado, tan complejo entender cuál es un buen vino y lo que hay detrás; es un arte. Y me hizo conectarlo con la actuación, con esta idea de que algo así de bueno requiere un esfuerzo tan grande, mucho tiempo y mucha dedicación. Y hay mil variables que no controlas.

El esfuerzo y el tiempo, dos ingredientes esenciales en tu arte, ¿cómo los vives?
Hace un par de años tomé un curso de actuación con Fernando Piernas, que es coach de actores muy importantes, y me insistía en la importancia del tiempo. Para entrar al escenario, para respirar. El tiempo de investigar bien tu personaje y todas sus posibilidades. Vivimos en una época donde todo es rápido. Vamos tarde para todo. En mi trabajo es así, pocas veces nos tomamos el tiempo para hacer las cosas bien. Los proyectos en los que he tenido más crecimiento son en los que he tenido más tiempo para explorar. Con los vinos pasa lo mismo, por todo lo que implica. En Chile conocí a un personaje que llevaba años en un proyecto súper loco, sembraba las uvas en un terreno que era una pendiente muy inclinada, lo que significaba cosechar casi a rapel, decía que lo hacía porque descubrió que ahí es donde le llegaba mejor la brisa del mar, entre otras cosas. Tenía cuatro años sólo preparando el lugar, ahí entendí que la pasión es inmedible y el tiempo que le tienes que dedicar a algo que quieres que resulte con la mejor calidad.

¿Y cómo hacen los artistas para vivir de esa pasión?
Cuando te embarcas en esos proyectos, la recompensa financiera viene tarde o temprano. Ahora me siento muy afortunado y estoy capitalizando mi trabajo, después de muchos sacrificios. Seguramente el enólogo chileno no se hará millonario con esa cosecha, pero su nombre se conocerá y lo capitalizará de otra manera. Todo tiene su recompensa.

¿En dónde queda eso que llamamos amor al arte?
En lo que justamente hace este hombre, como de repente yo te puedo decir que me voy a hacer una obra a Ciudad Universitaria, a un teatro donde caben 50 personas. A mí lo que me gusta es justo eso, que el público esté a dos metros de mí.

Siempre hay tiempo para probar un buen vino, ¿no crees?
Estoy muy feliz por este encuentro, porque fue azaroso y hasta lo puedo llamar un regalo, y es que nunca pensé que me llegara a interesar tanto. Lo empecé a disfrutar y me generó una pasión muy particular. Ahora, mi momento más especial es cuando abro una botella. Me encanta la idea de transportarme al lugar de donde viene. Los aromas, más allá del oído o la vista, son de las cosas que más te transportan a los lugares, de todos los sentidos creo que el del olfato te liga más a la memoria. ¡O será el tamaño de mi nariz! (risas).

¿Qué aroma de esos es el que más te atrae?
Me encanta la madera. Sé que hay gente a la que no le gusta y yo tengo casi una fijación con esos aromas.

¿Tienes vinos favoritos?
Me encantan los blancos; en tintos la uva syrah, pero no me siento todavía listo como para definir cuál es mi vino. Siento que mi viaje apenas comienza y quiero absorber todo lo que veo y conozco. Todavía me creo todo lo que me dice un sommelier o un enólogo, aún no me siento capaz de tener un juicio propio. El mejor vino que me he tomado fue un rosado, estaba en la playa, pero tenía que ver más con el momento, la compañía, el lugar, que con su etiqueta. Fue memorable, en ese momento fue el mejor vino del mundo.

 

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