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JULIO 2013: AL AIRE LIBRE

Por: Gourmet de México 13 Abr 2018
Edición de verano, disfrutar del exterior y compartir con los seres queridos. Carta editorial y video Making Of de nuestra producción de portada… @rev_elgourmet COMERSE […]



	     JULIO 2013: AL AIRE LIBRE

Edición de verano, disfrutar del exterior y compartir con los seres queridos. Carta editorial y video Making Of de nuestra producción de portada…

@rev_elgourmet

COMERSE LA CIUDAD

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Hay algo que vuelve encantadoras las comidas al aire libre. Son, tal vez, las canastas de picnic o el olor de las brasas en el asador, o la expectativa de no saber si saldrá el sol o habrá lluvia.

Es quizá ese elemento impredecible del ambiente que cambia a voluntad según vengan las lluvias, el viento o las nubes. Y sin embargo, entusiastas de compartir una comida teniendo el cielo como techo, preparamos ensaladas, cortes y postres, mientras decidimos con qué vinos y con qué amigos servir esos platos.

Mis favoritas son las tardes de café y pasteles en las terrazas. Entiendo perfecto al Sombrerero de Alicia y quisiera también quedarme para siempre en su jardín tomando té

Es un efecto que sólo sucede al aire libre, seductor, misterioso y desenfadado, siempre dispuestos a que se derrame algo o a que una hormiga camine por el mantel. Como si de repente, comer sin un techo nos volviera otros seres humanos.

La comida es un organismo vivo, que evoluciona y se comparte. Así, las ciudades que habitamos también están vivas y, a pesar del caos –o quizá por el mismo– se reinventan acera por acera, casa a casa, lluvia a lluvia. Impredecibles y cambiantes, las ciudades enloquecen a urbanistas y a peatones por igual; son las ciudades las que se animan con los vendedores que se apropian de banquetas y semáforos, buscando a los clientes golosos que se abalanzan para comer tamales, un jugo o un tlacoyo.

La ciudad es intervenida por todos, por la lluvia y por sus habitantes; por los artistas urbanos y por sus puestos de tacos; por la contaminación y los sembradores de huertos. Todos somos parte de este sistema, un lugar al que todos tenemos acceso: el espacio público.

Así, ya sea en un parque o en una banqueta, en la terraza o el jardín, en el balcón o en las azoteas, todos podemos disfrutar esas comidas que se alargan con amigos y que se acaban cuando llega la lluvia.

Inés M. Saavedra
Editora

@inessaavedra

 

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