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Familia y amor: Las memorias de la Ruta del Cacao en Tabasco

Por: Gourmet de México 26 Mar 2018
¿Qué sería de los lugares sin las personas y sus historias, sin las manos que cortan el fruto y las voces que hacen eco en […]



	     Familia y amor: Las memorias de la Ruta del Cacao en Tabasco

¿Qué sería de los lugares sin las personas y sus historias, sin las manos que cortan el fruto y las voces que hacen eco en sus espacios? Estos cuatro cacaotales tabasqueños guardan las memorias de quienes habitaron ahí en el pasado y quienes ahora continúan el legado con orgullo. Cada fruto y cada chocolate es una muestra de su esfuerzo y su cariño.

Por Mariana Castillo Hernández

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@madame_bijoux

  1. Armando Muñoz y Welmer Memo

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Drupa Museo Interactivo del Chocolate. Nostalgia por el cacaotal

 

Armando y Welmer son primos. El primero vivió en Tlaxcala y se convirtió en chef, el otro creció en Comalcalco y aprendió más sobre los plantíos y otros trabajos en Villahermosa. Ambos pasaron momentos importantes junto a su abuelo, Juan Vasconcelos, quien laboraba paciente y dedicadamente en los cacaotales y con quien se reunían en el quebradero, ese espacio familiar en el que el patriarca quebraba las mazorcas de cacao y todos compartían.

Chupar el mucílago fresco de la semilla que luego será cacao y comer los pochitoques en verde, un guisado elaborado con tortugas de caparazón redondo y un caldo verde con hoja de chile amashito, chipilín y chaya, espesado con masa (“que sabía a esa humedad del pantano”), son parte de los mejores recuerdos de Armando, quien tuvo la idea de darle nueva vida a este terruño.

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Drupa Museo Interactivo del Chocolate es una vivencia sensorial en Cunduacán: no sólo te llenarás las manos con chocolate y hasta pintarás con él sino que observarás en su hábitat cada utensilio usado para que la planta se convierta en alimento. Conocerás desde el machete, que antaño los niños portaban a partir de los cinco años, hasta el molinillo llamado mamón que se obtiene de las ramas que no darán frutos y sólo extraerán nutrientes.

 

A Welmer le dicen Memo porque su nombre “no sonaba a gente del campo”. Él aprendió a valorar su tierra con el paso del tiempo, que el cacao es una especie con mucha tenacidad y bondad. “Es un árbol muy noble: resiste inundaciones e incendios”. Su abuelo le enseñó a no rajarse y ahora quiere enamorar poco a poco a las nuevas generaciones para que hagan lo mismo.

“Mi abuelo llegaba de trabajar a medio día, empezaba a las 4:30 de la mañana. En donde actualmente es la Sala DUA antes había una telecita, unos sillones y una hamaca donde él se tumbaba y le llevaban un plato lleno de comida. Se hamacaba y comía. Tenía su tortilla en una silla, se mecía y cuchareaba”, contó Armando quien dirige las catas y experiencias gastronómicas de este lugar lúdico, que gracias a la nostalgia, renació de las cenizas como el Fénix.

Entrada a San Eligio Cumuapa Cunduacan, 86690 Cumuapa Primera Sección (01 993) 3 07 36 80 drupa_museo@hotmail.com Facebook: DRUPA Museo Interactivo del chocolate @DRUPAmuseo

  1. Ana Parizot Walter

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Hacienda de la luz. Sabiduría natural

Entre los habitantes de Comalcalco, esta hermosa hacienda de fachada roja es conocida como Wolter, pues Federico Alberto Otto Wolter Hayer, inmigrante alemán, se la compró a Ramón Torres a principios de los treinta. Él no sólo la restauró, hizo plantaciones de cacao y decidió que ahí no sólo se fabricaría chocolate sino que formó una familia, primero con Alba Peralta Pulido que falleció al dar a luz. Fue entonces cuando dejó la medicina, se dedicó a la agricultura y se casó con Gloria Peralta Pulido, con quien tuvo a su hija Gloria.

Hoy en día, Ana Parizot Wolter, la nieta de Otto, está a cargo de este espacio lleno de belleza, aroma a cacao e historia. Es un museo vivo en el que cada objeto cuenta una anécdota. “Mi papá era de Veracruz y trabajando en el campo conoció a mi mamá. Se casaron y se quedaron en la hacienda donde crecimos. Era normal que nos metiéramos en la fábrica antes de comer, regresando de la escuela que estaba cruzando la calle, y que trajo mi abuelo al pueblo para que mi mamá estudiara ahí. Llegábamos llenas de chocolate”, cuenta esta mujer apasionada por la naturaleza.

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Los senderos de Hacienda la luz son impresionantes: apreciarás desde las flores de cacao hasta otras especies que acompañan al ecosistema como vainilla, momo, troncos de canela, y jícaros. Ana pide que uno se detenga para apreciar detalles como el abrazo que hay entre los árboles: las raíces de algunos, como unos enormes de mango manila, samán y mata palo, están de seis a ocho metros de profundidad y se protegen unos a otros, por si la tierra se reblandece. Hacen equipo, se cuidan y “enseñan a los seres humanos muchas cosas”. Un árbol de cacao vive aproximadamente cinco décadas. Tres generaciones los deben cuidar y durante ese tiempo la tierra está perfectamente nutrida. Ana es parte de ese tercer legado que deberá replantar.

“En otras épocas, antes de ir a la discoteca metíamos la leche de nuestro rancho al congelador y cuando regresábamos a las dos de la madrugada la sacábamos casi congelada y preparábamos un choco Wolter, un chocolate en polvo de la fábrica para irnos a dormir, agarrar energía e ir a la cama. Era algo de ley, no podíamos dormir sin eso”, contó Ana. ¿Cómo no va a amar a la hacienda si en ella están sus más entrañables recuerdos? Ella tiene dos hijos, un varón de 16, y una niña de nueve. El primero elaboró como proyecto de verano una crema de avellanas con cacao que ya es comercializada. Así, la herencia sigue.

Boulevard Leandro Rovirosa Wade 232 C.P. 86300, Comalcalco, Tabasco. (01933) 337 1122 contacto@haciendalaluz.mx www.haciendalaluz.mx @ChocoWolter

  1. Florencio Sánchez, Juan Leyva y Marcos Ramírez

 

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Hacienda Jesús María. Amor por el cacao

Don Flor, como le dicen de cariño a Florencio Sánchez, tiene en las manos, en la voz y en el corazón el amor por lo que hace. Creó los recorridos por la hacienda hace 15 años y es más que un guía: es casi un juglar moderno al que el cacao le cambió la vida: “antes yo era muy solitario, ahora esto es mi pasión. Nos une una historia que tiene sabor a cacao fresco y está envuelto en aroma a chocolate. Somos Tabasco”, dijo.

Él explicó que la hacienda fue fundada en 1860 por Román Peralta Ocampo, quien llegó de las Islas Canarias, España a trabajar. Hizo mucho dinero, tuvo más de 22 hijos, se casó dos veces y heredó 1 500 hectáreas de plantaciones a Rutilio Peralta Tejeda, su hijo. Él a su vez le dejó la hacienda y 70 hectáreas a la menor de ellas, Rosaura, que se casó en 1945 con Teófilo Cacep, proveniente de Líbano. Tuvieron cuatro hijos y la propiedad pasó a ser de Juan Cacep. Con él comenzaron más cambios: compró máquinas y transformó la materia prima en chocolate de mesa en 1960. Con el tiempo, él abandonó el espacio tres años y se lo vendió a su hermana Rosa María Cacep, madre de Vicente Gutiérrez Cacep, actual líder de la hacienda y un hombre muy querido en el estado.

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Juan Leyva Escalante es otro de los personajes que hacen la Hacienda Jesús María. Tiene 84 años y antes trabajaba en el cacaotal pero ahora comparte su conocimiento con los visitantes. Su filosofía es mágica, con esa sabiduría que da la experiencia y los años: estos árboles acompañarán a los hombres durante toda su existencia, le darán frutos, cobijo, oxigeno y madera para sus muebles y hasta para la caja donde reposará su cuerpo al morir. “En el campo hay muchas cosas que te llevas a la boca sin que te cueste nada y en la ciudad hasta el aire tienes que comprar. El cacao es la fuente de la vida en Tabasco, sin eso no viviríamos: si no hay cacao, no hay trabajo ni dinero”, afirmó.

Un campesino que compartió su experiencia, entre corte y corte de mazorca, fue Marcos Ramírez quien a sus 75 años sigue trabajando (y conoce a Vicente desde que era niño y se subía a los caballos). Él aprendió el oficio de su padre y su abuelo, aunque ninguno de sus hijos quiso seguir en las plantaciones. “Me gusta esto y aquí me voy a morir”, comentó. Una de sus actividades favoritas es cantar. Cuentan sus compañeros que su canto era aún mejor y que a eso se dedicaría si no hubiera sido por el alcohol que lo hizo quedarse sin voz. Si tienes suerte lo escucharás entonando una canción como “Paloma querida” de José Alfredo Jiménez.

Ranchería Sur Quinta Sección, Comalcalco, Tabasco, Mèxico; Camino Vecinal a Tulipán-Comalcalco. T.045 933 119 8371 y 045 933 123 4993 turismocacep@gmail.com www.haciendacacaoterajesusmaria.com

  1. Marina Riveroll

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Finca Cholula. La música de la familia

A Marina le inundan los recuerdos en esta finca que data de 1800, donde nació y creció. Juan Riveroll Ruiz, su abuelo, compró esta propiedad en 1914. Sus padres, Juan Riveroll Somellera y Dolores Vizcaíno Vázquez la cuidaron e iniciaron con la elaboración de cacao de manera artesanal. Sus cuatro hermanos se fueron al casarse pero ella se quedó e inició aquí su familia con su esposo, Manuel Valenzuela. Sus hijos Ana Marina y Manuel, continúan junto con esta dulce matriarca un amoroso legado.

 

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Como en casi todas las haciendas de Tabasco las rutas de recorrido agroturístico fueron algo que los propios dueños iniciaron muchos años antes de que el gobierno estableciera la Ruta del chocolate. Lo mejor es que las nuevas generaciones han aportado su conocimiento para mejorar la conservación de estas tierras, que incluso son reservas naturales de especies como el mono saraguato. Ana Marina estudió ecología e integró proyectos que mantiene este lugar de pie y Manuel retomó la elaboración de un licor que hacía su abuelo y también prepara una bebida llamada xocoatl que es exquisita, pues incluye ingredientes como miel de abeja melipona, cacao, chile y especias como canela y achiote.

“Mi papá disfrutaba mucho los recorridos. Cada uno es distinto, porque tiene que ver con las personas y el ambiente. Él iniciaba diciendo ‘esto sabe de mi infancia’”, contó Marina, quien a pesar de su tristeza por el inminente paso de los años y las pérdidas de algunos seres queridos, sigue protegiendo este lugar donde los pájaros cantan y las flores dan colorido a la vista. Un ejemplo de las maravillas que puedes ver ahí es el achiote, indispensable para la gastronomía de la zona maya-chontal. Se entiende lo delicado de su origen y la intensidad de su color.

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Marina admira lo sensible que era su padre y narró que compuso dos canciones. La primera fue “Viaje de bodas” que le dedicó a su madre y que habla de los lugares visitados con estrofas como “Ya me voy con mi compañera, ya me voy de luna de miel, ya me voy para Acapulco, Cuernavaca y Cozumel”. Y la segunda, “Los fantasmas de la luna, se inspiró en el momento histórico en el que el Apolo 11 alunizó y que juntos vieron en la televisión, cuyas estrofas versaban así: “Los fantasmas que habitan en la Luna la llegada del Apolo los corrió, se alojaron en Marte y en Saturno y otros tantos llegaron a Plutón”.

A 250 metros de la entrada a la zona arqueológica de Comalcalco. Carretera Federal Comalcalco-Paraíso Km. 0.5 Comalcalco, Tabasco. (01 933) 334 3815 www.fincacholula.com.mx fcholula_tabasco@yahoo.com.mx

Sin anécdotas como éstas, los lugares serían sólo un montón de piedras. Cada uno de estos tabasqueños se enorgullece de su pasado ofreciendo a los viajeros un presente en el que se construyen nuevas iniciativas. Se interactúa con los cacaotales, el fruto, las fábricas y el chocolate pero sobre todo, con las personas que hacen esto posible.

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