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En mayo, la dulzura se impone

Por: Gourmet de México 18 Abr 2018
Nada que no se pueda solucionar. Nada, ninguna tristeza, algún malestar, que no lo resuelva el olor de la sopa de mamá. Es mayo y […]



	     En mayo, la dulzura se impone

Nada que no se pueda solucionar. Nada, ninguna tristeza, algún malestar, que no lo resuelva el olor de la sopa de mamá. Es mayo y todas pensamos en ellas, en las mamás que se levantaron muy temprano durante varios años para preparar el lunch, para despertarnos. Las mujeres maravilla que, pasara lo que pasara, tenían a la hora de comer la mesa puesta, el servilletero al centro, la lumbre bajita recalentando el guisado del día. Así por lo menos era mi mamá. El olor de su sopa de fideos me abrazaba al cruzar la puerta de casa y nunca, ni a muchos años ya de su ausencia, ha desaparecido de mi vida. Lulú, mi madre, era una gran cocinera. Pocas recetas, pocos riesgos, pero una sazón de esas que te quiebran. Oaxaqueña, apasionada y amorosa, nos enseñó que en la mesa no se ve televisión, que en la mesa se come y se convive. Nos dio su alma en aquel mole rojo, en sus calabacitas, verdolagas, tortas de papa, en su estupendo arroz rojo. Lulú hacía tamales, chiles en vinagre y gelatinas, muchas gelatinas. Esa era la forma en que podía llamarse repostera, con gelatinas de leche, de las que llevan frutas y una capa cristalina cubriéndolas. Tuvieron fama entre amigos, familia y puedo decir que nunca más he vuelto a comer una igual. Ninguna gelatina le hace justicia a ésas que hacía y adornaba mamá.

Escribo esto en su cumpleaños. Cumpliría 64 años hoy. Hago su sopa muy seguido. La hago muy bien, por cierto. La memoria te obliga a recrear el amor. Y ahí en las cuestiones del amor, no hay quien pueda competir con el de mamá. Yo tenía que volver a comer esa sopa, era eso o vivir con ese huequito que tengo en el corazón por su ausencia, pero mucho más hondo. Como homenaje a ella, a todas las madres, a ese único sentimiento que representan, decidimos buscar a cuatro mamás de distintas nacionalidades para que nos compartieran la receta de la sopa favorita de sus hijos. Son cuatro sopas, cuatro mujeres, cuatro países y el mismo sentimiento. Un fotógrafo que admiro, un amigo cómplice, Marco Sotomayor, las retrata.

Es mayo y la dulzura se impone. Chocolate, frutos rojos, vainilla, coco, nueces, cremas, cítricos, todos esos espléndidos sabores que se reúnen en estas páginas; creaciones de magníficos reposteros que.nos regalan un espacio donde soñar, porque eso es lo que tenemos aquí: lugares, sueños, refugios, más que recetas.

Gaby Rentería

Editora

Twitter @gabyrenterian

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