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Serie Placeres culinarios: Biko

Por: Gourmet de México 28 Mar 2018
Comenzamos nuestra serie de Placeres culinarios con Biko, uno de los restaurantes de comida española más reconocidos a nivel mundial. Por Detective Gourmet Era sábado por […]



	     Serie Placeres culinarios: Biko

Comenzamos nuestra serie de Placeres culinarios con Biko, uno de los restaurantes de comida española más reconocidos a nivel mundial.

Por Detective Gourmet

Era sábado por la noche y mi paladar lo sabía. Hace tiempo, una amiga europea y yo decidimos hacer un recorrido gastronómico por los mejores restaurantes de la Ciudad de México. Puede ser que nuestra cartera nos reclame en algún momento, pero del paladar no hemos recibido queja alguna. ¿Qué le vamos a hacer? ¿A quién no le gusta la buena comida?

El tour comenzó hace unos meses en Pujol, y siguió por Quintonil y Dulce Patria, pero ya hablaremos de esos lugares en otra ocasión, porque cuando los visitamos, mis amigos de El Gourmet México todavía no tenían la deferencia de invitarme a contar mis experencias gastronómicas. El turno hoy es para Biko, el restaurante español favorito de los capitalinos y de muchísimos extranjeros que radican en esta ciudad o que estando de vacaciones, marcan en su itinerario como un must, la visita a un restaurante de primera categoría.

Siendo mexicano, soy un amante de la cultura española, esa misma que hoy muchos españoles olvidan en aras de un progresismo mal entendido. Pero ese es otro tema. Regremos a la mesa. Mientras mi amiga foránea, avecindada desde hace casi 3 años en esta urbe, me platicaba sus aventuras diplomáticas, comenzó la pasarela de alimentos con dos espectaculares platos, uno de jamón y otro de lomo ibérico.

Aunque la variedad de vinos era amplísima, optamos por un Rioja para ir en concordancia con el sitio y con las entradas. Diez minutos más tarde, la charla había cambiado de rumbo. Ya no habláblamos de cuestiones diplomáticas, sino de temas personales, de amigos en común que por cuestiones de raza o de idiosincracia piensan diferente que nosotros. Y para nuestros paladares, había llegado la hora de pasar al siguiente nivel.

Ella optó por el menú degustación y yo, sin reparar en cuántas calorías le sumaría a mi cuerpo en la fría noche de Noviembre, opté por pedir a la carta. Y así fueron llegando a la mesa platillos tan variados como deliciosos: el gazpacho de aguachile, el alambre de pescado, los hongos de temporada con alcachofas y jamón de pato, la ternera estofada y varios más. Cómprendanme. Sería imposible recordarlos todos. Lo que sí recuerdo es que todos cumplieron o superaron nuestras expectativas.

La rúbrica fue un pay con frutas del Este y dos capuccinos calientes que embellecieron la sobremesa. ¿De qué hablábamos a esas alturas? Seguramente de cosas triviales. A la batalla entre la plática y la comida, ya le habíamos decretado un salomónico empate. Par de deleites de la vida. Y nos fuimos de ahí pasadas las 11:30 de la noche, tomamos nuestro Uber y salimos con la certeza de que Mikel, Gerard y Bruno seguirán despertando todos los días con la misma rabia y pasión de querer darnos lo mejor posible.

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