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IDEAS QUE LLEGAN A LA MESA

Por: Gourmet de México 19 Abr 2018
La creatividad no está peleada con lo sustentable, Cusibani lo demuestra con una propuesta que ofrece opciones a base de ingredientes naturales, ideales para los […]



	     IDEAS QUE LLEGAN A LA MESA

La creatividad no está peleada con lo sustentable, Cusibani lo demuestra con una propuesta que ofrece opciones a base de ingredientes naturales, ideales para los amantes de lo orgánico, pero también el cada vez más extenso mundo de las alergias alimentarias.

 

Por Carolina Reyes Martínez Fotos Miguel A. Manrique

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Algunos proyectos se gestan a partir de vivencias personales o de un golpe de inspiración… o de ambas cosas. Si bien no hay nada nuevo bajo el sol, un giro de tuerca puede cambiarlo todo. Es de esa manera que un día, estando en Salina Cruz, Oaxaca, dos emprendedores vieron en unas bolsitas de sal marina, una opción que no sólo les brindaría la posibilidad de crear sabores, también dedicarse de lleno a la alimentación orgánica. “¿Sal? Pero si todos tienen en su casa, me cuestioné en aquel momento. Hoy pienso que fue una gran idea”, dice sonriente Dayci León Guzmán, fundadora, junto con Carlos Hernández, de Cusibani, una pequeña empresa que elabora sazonadores y endulzantes orgánicos.

De ollas y guisos

“Nosotros vendíamos ollas de acero; en esa empresa nos enseñaron a hacer platillos para poder venderlas, pero nos dimos cuenta de que la mayoría de ellos eran muy grasosos o complicados. Decidimos darle la vuelta y hacer una cocina más nutritiva y llamativa”. Así, el tomate podía ser sustituido por betabel en el arroz, las ensaladas condimentadas con las “salecitas”, e hicieron su aparición los dulces de semillas de girasol y ajonjolí con jarabe de agave.

Las personas que acudían a sus cursos comenzaron a pedirles que los vendieran, pero fue hasta 2006 cuando entraron a un concurso para elaborar un recetario. Lo llamaron Guía nutrimental. “Lo ganamos y los especialistas lo recomendaron para personas con hipertensión, diabetes, con alergias. Nos dimos cuenta que teníamos buenas ideas”.

Dayci y Carlos supieron lo que querían, hacia dónde ir. Y como una cosa llama a la otra, no tardaron en llegar las invitaciones a eventos; la sal marina con jamaica y los pequeños dulces se vendían bien. La gente que acudía les comentaba que querían cambiar a un estilo de vida más sano. Así, el mundo orgánico les abrió las puertas.

Retos y más retos

Aparecieron primero las sales marinas con ajo, jengibre, cebolla. Al final, el caldo de verduras. Dayci y Carlos observaron que una persona vendía un consomé que contenía glutamato monosódico, “nada más que en la etiqueta decía yinomoto (sic) , y la gente no se preguntaba qué era. Alguna vez Carlos leyó la etiqueta y le dijo a la persona, ‘¿por qué vendes esto aquí? Somos orgánicos y no utilizamos esto’. Este señor le reviró ‘bueno, lo voy a sacar pero tú haz un caldo de verduras’. Así lo hicimos, lo preparamos y salió bien. Fuimos teniendo cada vez más demanda hasta mejorarlo”, recuerda Dayci. A partir de eso comenzaron a ir a otros mercados del país y hoy tienen distribuidores en casi toda la República.

Agricultores y precio justo

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Los insumos de Cusibani provienen de muchas partes de México. La sal marina llega de Salina Cruz, Oaxaca; la flor de jamaica, de Guerrero y Michoacán; el jarabe de agave lo consiguen en Hidalgo y en Guadalajara. Los ahora empresarios buscan la variedad y que sean orgánicos con certificado.

Siempre visitan al agricultor y revisan que efectivamente las prácticas sean naturales cien por ciento. Se le paga una parte al productor, o a veces toda la cosecha y después, él la entrega. Sin embargo, también se enfrentan a malos tiempos, cuando se pierde algún elemento, por ejemplo, este año en Oaxaca se arruinó el ajonjolí y trabajan con lo que tienen en reserva. “Necesitamos conseguir más, pero el productor tiene que seguir comiendo, trabajando y hay que pagarle otra vez la cosecha del próximo año, es una labor social con los productores, además pagamos un precio justo, tanto para ellos como para nosotros en su trabajo”.

Volviendo a la vida

El nombre de la empresa, Cusibani, viene de una historia afortunada, pues antes se hacían llamar Bio Orgánica mas nunca se les ocurrió registrarla. En una ocasión los invitaron a una expo, en la que les preguntaron si ya estaba registrado el nombre y si tenían código de barras. No. Bio Orgánica ya estaba siendo utilizado, por lo que comenzaron a buscar una nueva marca. En un diccionario en zapoteco les pareció que “volviendo a la vida” los identificaba, y eso es lo que significa Cusibani. El mismo origen tienen los nombres de los productos. Duxuladi significa “chocolate”, Bishiña, “se vuelve coloradito”, Nanhishe “muy sabroso” y Wishi, “hierba de monte”.

Con este camino recorrido, y teniendo el aval de nutriólogos, Cusibani es una excelente opción para las personas con alguna enfermedad, alergia alimentaria o que precisen de una dieta. Por ejemplo, los niños autistas, con hiperactividad o diabéticos. En el caso de estos últimos, encontrar dulces sanos y nutritivos en las escuelas es muy difícil. Dayci menciona que Cusibani, al ofrecer paletas y bolitas de semillas de girasol y ajonjolí con jarabe de agave, abre la posibilidad de disfrutar sabores nuevos.

Para los autistas, las indicaciones médicas hablan de un régimen libre de gluten y lácteos. Para los celiacos (alérgicos al gluten), Cusibani ofrece productos libres de esta sustancia. “Si a ti te gusta el chocolate, casi todo tiene leche o contiene soya. Habemos personas intolerantes a ésta. Casi ningún producto te da la certeza que no los contenga. Buscamos que el alimento no tenga ningún colorante o conservador. Ahí entra Cusibani que no los contiene”, afirma Dayci, quien es intolerante a la soya,
y Carlos, su socio, es diabético. “Si nos piden algún insumo en especial, lo elaboramos. Estamos pensando en poner en nuestra página algo así como: haga su sazonador, los ingredientes que le quiera poner y nosotros lo realizamos”.

Slow Food

Dayci nos cuenta que tuvieron la oportunidad de conocer a Carlo Petrini, fundador del movimiento Slow Food, este año en Puebla. “Nosotros también compartimos esta filosofía porque todo lo que hacemos es artesanal, no hay maquinaria grande, sólo nuestras manos que trabajan. En Puebla nos hicieron la invitación y degustamos algunos platillos de Carlo Petrini. Dio una plática y la verdad nos sentimos muy relajados porque comparte lo que ha conocido, sus experiencias; los productores son muy importantes para él”.

Lo esencial para Cusibani es continuar creciendo, llegar a más personas, cambiar más sabores y gustos. Seguirán siendo orgánicos. Si bien ya comenzaron a exportar a Canadá, la posibilidad de poner en el mercado estadounidense sus insumos está un poco lejana, pues lo primordial para ellos es contribuir en México, “dejar todo lo mejor en nuestra tierra, en nuestra agua y en nuestro aire, no llevarlo a otro lugar”. Así, lo simple puede transformarse, convertirse en una opción para nada aburrida.

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HACIA AFUERA

Cusibani imparte cursos para informar sobre el mundo orgánico. También talleres para aprender a cocinar de una forma saludable, así como concientizar sobre el efecto del uso de colorantes y conservadores en los alimentos. Dayci y Carlos viajan a las comunidades para compartir sus conocimientos.
Es importante que haya congruencia en los productores, que sus cultivos sean cien por ciento orgánicos, y autoconsumibles. Los productos de Cusibani se venden en su página web, The Green Corner y en puedocomer.com.mx (página dedicada a la venta de productos antialergénicos).

 

Cusibani
T. 5803 6051
@cusibanioficial
cusibani.com.mx

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