Uno de los snacks naturales favoritos en México sin duda es la jícama. En los puestos de fruta fresca, es uno de los productos estrella; […]
Uno de los snacks naturales favoritos en México sin duda es la jícama. En los puestos de fruta fresca, es uno de los productos estrella; una bolsa se llena con este tubérculo para prepararse con limón, sal y por supuesto, chile en polvo. Al comprar este producto fresco, es común enfrentarse a una pregunta recurrente: ¿cuál es la jícama de leche y cuál es la de agua?
A simple vista, parecen iguales; pero a medida que se evalúan a detalle, las diferencias se revelan por completo. En esta nota, te contamos sobre qué factores debes revisar para saber si estás llevando jícama de agua o leche a casa.
Por: Desiree Perea
Antes de adentrarnos en las características de cada una, vale la pena mencionar que la jícama es un tubérculo orgullosamente mexicano. También recibe el nombre de nabo mexicano y se ha mantenido presente en la dieta humana desde hace miles de años. Su desarrollo es similar al del frijol: crece en una enredadera que puede alcanzar hasta los 5 metros, y cada pieza puede llegar a pesar hasta 23 kilos.
La jícama de leche no es la variedad más popular debido a sus complejas características. Se le otorgó este nombre ya que al momento de cortarla, libera un jugo blanco y opaco. Aunque también es jugosa, suele ser más pesada para el paladar. Su textura es más cremosa, al mismo tiempo que es fibrosa. Seleccionar la mejor pieza es crucial para que el interior no esté completamente seco.
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Cuando llega la temporada, encontrarse con jícama en el mercado no es complicado. Sin embargo, es importante revisar a detalle para seleccionar la variedad deseada. La jícama de leche se presenta en piezas con forma mucho más irregular; también es más alargada. En cuanto a la piel o cáscara, ésta es más gruesa y fibrosa; en algunos casos se requiere de un cuchillo para poder retirarla.
Durante la temporada de calor, esta variedad se convierte en uno de los alimentos más populares en miles de hogares en México. Como su nombre no indica, su contenido de jugo natural es sumamente alto. Una vez que se retira la cáscara, esta humedad se libera por completo, incluso si la cáscara está seca. Su textura es similar a la de la manzana, crujiente y sumamente refrescante.
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Otra de sus bondades son las notas dulces que predominan en toda la pieza; sin importar que parte se corte, el sabor no cambia. A diferencia de la jícama de leche, la de agua mantiene una forma uniforme, similar a como se presentan las cebollas. La piel es delgada, lisa y se desprende únicamente con ayuda de un pelador.
Tanto la jícama de leche como la de agua merecen un lugar en la despensa en casa. Cada una, presume características únicas que vale la pena reconocer. Crear una rivalidad entre variedades simplemente no tiene sentido, hay espacio suficiente para ambas. La próxima vez que te encuentres frente a frente con este tubérculo, toma el tiempo suficiente para revisar cada pieza y así, llevar la pieza adecuada a casa.