El entremet es uno de los postres más sofisticados a nivel mundial. Elaborarlo implica una división perfecta por capas y el uso de varias técnicas.
La excelencia de la pastelería francesa no deja de sorprendernos. A lo largo de los años, Francia nos ha dejado claro que es la máxima institución dentro de la categoría de postres. Más allá de las piezas mundialmente famosas, existen muchas otras que aún mantienen un perfil bajo; ese es justamente el caso del entremet.
A simple vista, parece un postre sencillo sin mucho que ofrecer; pero una vez que se hace el primer corte, se revela la complejidad detrás de su preparación. En esta nota, te contamos sobre la anatomía que ha llevado al entremet, a convertirse en uno de los postres más complejos a nivel mundial.
Por: Desiree Perea
Antes de adentrarnos en los detalles de este icono de la repostería francesa, vale la pena conocer un poco sobre su historia. La palabra entremet se traduce al español como ‘entre platos; y sorprendentemente, no siempre fue un platillo dulce. Como su nombre lo indica, sola servirse entre los platos principales; podía ser una sopa o un guiso ligero.
Fue hasta la segunda mitad del siglo 20, cuando se definió como lo conocemos hoy en día. El entremet se construye en capas claramente diferenciadas, cada una con una textura y función específica. No se trata de una mezcla homogénea, sino de una arquitectura precisa. El éxito de este postre no se mide por su tamaño, sino por la armonía de sus capas. Cada bocado debe ofrecer un contraste de texturas.
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Partir de un bizcocho delgado es una de las reglas de oro en el entremet. Puede ser un bizcocho genovés, joconde, financier o dacquoise. Su función es aportar estructura sin dominar el conjunto. El siguiente elemento es una capa crujiente; se coloca sobre el bizcocho y puede ser praliné, feuilletine, chocolate o frutos secos.
Una capa gelificada es el siguiente elemento dentro del entremet. Suele ser una capa más pequeña que se esconde dentro de la mousse. Esta penúltima cobertura ligera, se encarga de envolver todos los elementos anteriores. Por último, la presentación impecable de este postre depende de la cobertura final; comente se utiliza un glaseado espejo o efecto terciopelo.
Podríamos decir que la precisión se convierte en un ingrediente más en la receta de un entremet perfecto. En la repostería, no hay espacio para la improvisación y en esta delicada pieza, se vuelve un gran agente amenazante. Cuando se corta una porción, las capas deben revelar una arquitectura perfecta: líneas limpias, contraste de colores y capas bien definidas.
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Para lograr que cada uno de los elementos implicados tenga una presentación impecable, se requieren utensilios específicos:
A nivel mundial, el entremet representa la cima de la ambición culinaria. Es un postre que requiere paciencia, precisión y una sensibilidad estética. Su complejidad va más allá del sabor: exige conocimiento profundo de ingredientes, procesos y estética. En un mundo gastronómico cada vez más visual y exigente, el entremet se ha consolidado como uno de los postres más respetados de la tradición francesa.