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Hidalgo – Legado de tierra minera

Por: Gourmet de México 28 Mar 2018
Pachuca, la capital de Hidalgo, nunca está sola. El aire es su fiel compañero, que regresa una y otra vez a recorrerla toda, acariciarla con […]



	     Hidalgo – Legado de tierra minera

Pachuca, la capital de Hidalgo, nunca está sola. El aire es su fiel compañero, que regresa una y otra vez a recorrerla toda, acariciarla con sus fuertes manos, meterse en sus calles más ocultas, jugar con el cabello de sus habitantes y llevarnos por todo el estado.

Fotos Héptor Arjona

Fuimos a Pachuca para investigar por qué el aire siempre quiere estar ahí y descubrimos la belleza de un ex poblado minero, que gracias a su industrialización, al fútbol y al turismo se ha sabido colocar como un punto de atracción nacional, ofreciendo a sus visitantes hermosos paisajes, historia, artesanías, los inigualables pastes y paseos por pequeños pueblitos cercanos.

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En sus orígenes, esta ciudad fue conocida como un rico sitio minero donde se extraía principalmente plata. Con el paso del tiempo se fue poblando e industrializando, transformándose en una ciudad con alta actividad económica y explotación demográfica.

Una excelente manera de acercarte a su pasado minero la hallarás en el Archivo Histórico y Museo de Minería, un acervo único en México. A través de documentos, gráficas, aparatos, herramientas y maquinarias se conserva la historia minera de la región desde 1556 hasta 1967.

Como el de toda gran ciudad, el centro de Pachuca ofrece distintos atractivos. Su espacio principal, la Plaza de la Independencia, está coronada por el famoso reloj que fue erigido durante la conmemoración del primer centenario independentista. Tiene cuarenta metros de altura y fue construido por la misma compañía que levantó el Big Ben de Londres.

Un sitio que no debes pasar de largo es el restaurante La Blanca, fundado en 1953, el más antiguo de Pachuca y el que traía las novedades como la primera sinfonola, televisión, máquina de helados y rosticería. Su cocina es de antojitos mexicanos y su especialidad el plato huasteco, compuesto por enchiladas de mole, cecina, chicharrón, pollo y frijoles.

Otros sitios de interés son el Cristo rey, que mide 33 metros de altura y ofrece una panorámica global de la urbe; el Archivo Casasola, Museo Nacional de Fotografía y Fototeca Nacional, que reúnen una colección muy importante de cámaras, sistemas fotográficos e importantes recopilaciones de fotografías reunidas a lo largo de veinte años. Y el Parque Cultural David Ben Gurión Pisal posee una obra de arte en el piso, hecha con siete millones de piezas de cerámica de nueve colores distintos sobre 32 mil metros cuadrados, lo que lo convierte en el mayor del mundo.

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Por el corredor de la montaña
La visita a Pachuca se complementa gracias a los atractivos cercanos que conforman la llamada Ruta de la montaña, un corredor turístico que recorre cuatro municipios cercanos a Pachuca, que en su conjunto conforman un paseo muy completo donde disfrutarás pueblos pintorescos, maravillas naturales, gastronomía única y legados prehispánicos.

A tan sólo quince minutos de Pachuca se localiza el primer punto de atracción, Mineral el Chico, un ex poblado minero que se encuentra dentro de la reserva de El Chico, un bosque de altos pinos y curiosas formaciones rocosas.
El pequeño pueblo de casas con techos rojos, rodeado de altos cerros, tiene una plaza central con un bello kiosco y una curiosa fuente azul y verde, con estatuillas de la mitología griega. En las calles alrededor hay restaurantes, tiendas de artesanías, puestos de antojitos y hostales. Te recomendamos visitar la mina San Antonio, una de las cincuenta que explotaron aquí, la cual te introduce 400 metros al interior de un cerro, subiendo por los túneles que seguían la veta de plata.

La segunda parada es Real del Monte, que representa un agasajo para el estómago. Para no ir muy lejos, los famosos pastes, que se venden en todo el estado, son originales de aquí.

El espectáculo visual y espiritual también tiene cabida. Este sitio posee una atmósfera especial; tal vez se deba a que es el lugar habitado más alto de México, con 2,800 metros sobre el nivel del mar. Su clima es frío, pero su fisonomía es cálida. Recuerda a esos pueblitos de los Alpes suizos, con calles estrechas y casas de techos rojos, algunos de dos aguas y otros con diseño de chalet inglés.

Una buena forma de recorrer y conocer la historia de este pueblo minero es en el tranvía. Te llevará por sus calles principales, pasará por la vieja mina de Dolores, donde se jugó el primer partido de futbol en el país, y llegará al famoso panteón inglés. Este sitio tiene un aire misterioso. Tal vez sean los pinos altos, que parecen guardianes de los 755 sepulcros; quizá sea el viento que con un sonido suave y frío atraviesa entre las ramas de los árboles.

Todas las tumbas miran en dirección oriente, hacia el Reino Unido; todas menos una. Es la del payaso Richard Beld, que dio la espalda a su nación después de ser repudiado en el mismo debido a su profesión; lo más llamativo es que su cuerpo no yace aquí, sino en Nueva York: fue la última de sus bromas pesadas.

Por último, no olvides visitar la mina Dificultad, un museo de sitio que te mostrará la enorme maquinaria, instrumentos y procesos que se utilizaban para la explotación de los minerales.

El siguiente municipio a visitar es Huasca de Ocampo, donde además de su bello poblado mágico, cuenta con dos importantes puntos de atracción: los prismas basálticos y la ex hacienda Santa María Regla.

El primero ofrece un espectáculo natural único en Latinoamérica, y sólo hay tres sitios de su tipo en el mundo: se trata de un conjunto de formaciones rocosas en forma de prismas alargadas; algunas alcanzan los cuarenta metros de altura.

Muy cerca se ubica Santa María Regla, una impresionante construcción del siglo XVIII hermosamente conservada, que perteneció al acaudalado hacendado Pedro Romero de Terreros, dueño de minas de la zona. Cuenta con recorridos turísticos por sus instalaciones, cuyos altos muros, espacios a media luz y atmósfera silenciosa, te harán sentir en otra época.

El último punto de la ruta es el municipio de Epazoyuca, donde resulta muy interesante visitar los talleres prehispánicos de obsidiana, pues es un sitio con vestigios arqueológicos que documentan la explotación y tallado de esta hermosa piedra volcánica, de tonalidad verde-dorada.

El recorrido por el lugar llamado Nopalillo abarca el taller, donde observarás la piedra cortada y tallada en grandes cantidades amontonadas en el suelo, en medio del campo. También un tiro o entrada a una mina, restos de muros de hornos prehispánicos, un basamento piramidal y sobre éste, un pequeño templo virreinal y restos de un campamento prehispánico.

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Pastes, truchas, pulque y chinicuiles
La gastronomía de Pachuca y sus alrededores tienen cuatro deliciosos protagonistas. El principal y muy aclamado es el paste, la famosa comida de los mineros. Se trata de un tipo de empanada de una pasta especial, no hojaldrada, rellena de diferentes guisados o purés. Los más famosos son los de papa con carne, los originales, pero no se quedan atrás los de salchicha, tinga, pollo con mole y de rajas; o los dulces, de puré de piña, manzana, durazno y hasta de chocolate. Un verdadero agasajo al paladar.

Las truchas son un platillo muy solicitado gracias a los criaderos que hay en diferentes lugares. Te recomendamos ir a Bosques de las truchas, donde las preparan de muchas formas, como en mixote, empapeladas con cebolla, chipotle y queso de hebra; a la talla, al ajo, a la parrilla o rellena de mariscos. Aquí puedes pescar tu propia trucha y después la preparan a tu gusto.

Para conocer la tradición pulquera de Hidalgo, nada mejor que visitar un tinacal. Puedes encontrar uno camino a Epazoyuca, en el poblado de Nopalillo, propiedad del señor Norberto Montiel, quien amablemente te explicará el proceso de elaboración de la famosa bebida destilada del maguey, de raíces prehispánicas.

Otro de los elementos de la cocina local son los chinicuiles, pequeños gusanos rojos que salen debajo de las plantas de maguey después de los aguaceros de otoño. Tienen un sabor fuerte; se fríen hasta tostarse y se sirven sobre una tortilla untada con guacamole, o se muelen con tomate y chile para hacer una salsa. .

Curiosidades airosas
Un nombre local de la ciudad de Pachuca es “La novia del viento” pues cuenta la leyenda que el aire se enamoró de una muchacha que dio la vida por sus amigos, y desde entonces empezó a soplar con gran ímpetu.
Debido a la belleza de sus paisajes naturales, El Chico es conocido como la “Suiza mexicana”.
Los prismas basálticos se formaron durante la era del hielo, cuando lava en erupción emergió a la superficie, y con el choque de temperaturas se cristalizó y cuarteó en forma de prisma.

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