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ACAPULCO

Por: Gourmet de México 27 Mar 2018
ENTRE EL KITCH Y EL PLACER Acapulco fue durante la década de los años setenta el puerto más popular de México. Hoy muchos otros destinos […]



	     ACAPULCO

ENTRE EL KITCH Y EL PLACER

Acapulco fue durante la década de los años setenta el puerto más popular de México. Hoy muchos otros destinos de playa en la república han ido opacando el brillo que la famosa bahía alcanzó, pero los atardeceres siguen siendo espectaculares, las noches iluminan la vida creando nuevos soles de neón. La música suena. Acapulco continúa teniendo ese encanto que lo ha convertido en el puerto más entrañable en la memoria de muchos.

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Canciones, películas y hasta libros han sido inspirados por la arena guerrerense. Desde lo más sublime hasta lo más kitch enmarca la memoria acapulqueña. Historia hay, ya que aquí arribaba la famosa Nao de China, que traía desde el virreinato productos de Oriente y dio origen al mestizaje de la zona.

A la orilla del mar
Dónde hospedarse en Acapulco no significa un problema, a menos que sea Semana Santa, cuando el afore es superado por mucho. La diversidad de hoteles es impresionante, desde los más caros y lujosos, hasta lo barato y humilde, pasando por lugares intermedios; y es que todo el mundo cabe aquí, para todos hay en este puerto que durante años ha sido el destino al que aspiran muchas familias mexicanas para vacacionar.
El estado de Guerrero es uno de los territorios más ricos del país, con playas privilegiadas, flora y fauna envidiables, gente y gastronomía únicas. Acapulco es uno de esos puntos mágicos que recrean la historia turística del país. Siendo una de las playas más cercanas a la capital azteca, no sólo en distancia, sino también en accesibilidad, esta bahía alcanzó una cima de prestigio mundial en el siglo pasado, una prueba es la diversidad de alternativas que la costera Miguel Alemán ofrece, como el espectáculo de los clavadistas en la Quebrada.

Diferentes realidades
Podemos hablar de tres acapulcos. El viejo, donde vive la gente que tiene generaciones ahí y que trabaja en los complejos turísticos, donde la vida transcurre en la rutina diaria de levantarse temprano a laborar todos lo días, donde no hay más que pequeños hoteles de bajo costo que sirven de alivio a presupuestos más limitados. Aquí está el mercado, donde no sólo el marisco y el pescado reinan. De este lado también hay tortas de lechón, que son un manjar poco relacionado con el puerto, o el pozole guerrerense, con su tono verdoso que se convierte en amarillo al consumirse con un huevo crudo mezclado.

El Acapulco “turístico”, el de la costera y los antros es el de siempre, a la orilla del mar, con restaurantes de mariscos y grandes centros comerciales conviviendo. La oferta culinaria en esta cara del puerto es tan variada como distintos son los visitantes que llegan. Cadenas de comida rápida conviven con restaurantes especializados de gran calidad, como La Trainera, a cargo del chef Fernando Díaz, donde además no sería raro encontrar al chileno Sebastián Baeza echándose un “palomazo” gastronómico.

Esta segunda faceta del puerto es la más visitada, la que acumula la mayor diversidad de precios y alternativas para pasarlo bien. Aquí están los antros más famosos, los hoteles clásicos (algunos súper “setenteros”) y el espectro más amplio de visitantes.

El Acapulco de lujo, el diamante, es una zona con los hoteles y restaurantes más lujosos. La oferta gastronómica aquí es internacional. Comida libanesa y mexicana compartiendo la exclusividad de los altos costos.
Una ventaja de los nuevos hoteles de esta suntuosa zona es la consciencia, ya que aquí se ha respetado mucho más el ecosistema y pueden verse especies locales deambulando por las áreas verdes.

Cerca del puerto
Un par de alternativas para visitar un ambiente menos estilizado, son las playas de Puerto Marqués y Revolcadero, ambas ubicadas a no más de cuatro kilómetros de Acapulco. En éstas la gastronomía al pie de la playa está a la orden del día, con anafres, comales y visiones distintas de cómo preparar los mariscos. Además los precios suelen ser un poco más accesibles.

Los atardeceres en Puerto Marqués son uno de los espectáculos más hermosos del Pacífico mexicano, como de esos relatos de los abuelos, cuando alguna vez fueron a Acapulco y no había basura, ni tanta gente y se podían encontrar conchitas tiradas en la playa.

Acapulco es una de esas postales kitch en el baúl de los recuerdos, es una película de Tin-Tan. Es una foto que muchos tenemos de cuando éramos pequeños, donde aparece una playa casi virgen que ya no existe, amigos y familiares que ya se fueron, pero permanece el olor del mar que siempre será una fiesta cuando se llega a este destino.

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Platos sin platillos
Si bien lo típico que se pide en los restaurantes acapulqueños son los mariscos, la sorpresa llega cuando nos enteramos que muchos de los restaurantes de la zona sirven platillos elaborados con insumos traídos de tan lejos como Ensenada, Baja California, de gran calidad sí, pero con varias implicaciones.

La huella de carbono crece al traer desde tan lejos los insumos, la economía de pescadores locales empobrece más su situación ya de por sí afectada por los años de saqueo indiscriminado. Sería importante que para salir del pasado, los restauranteros miraran hacia adentro.

Fotos Tere Ramírez Y.

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