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Gastronomía, arte y colores en el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro

Por: Liliana Ortiz 24 Jun 2021
Una experiencia en la que unieron voluntades la chef Martha Ortiz, seis artistas contemporáneos y la Orquesta Filarmónica de Querétaro para posicionar al MACQ de forma internacional



	     Gastronomía, arte y colores en el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro

La chef Martha Ortiz es una contadora de historias, quien haya probado sus platos, antes de conocer su sabor, se habrá encantado por el nombre de los mismos, pues, lejos de ser tradicionales, parecen títulos de cuentos. Lo mismo ocurre con la presentación de los alimentos, algunos acompañados de mariposas y otros, incluso, de juguetes tradicionales mexicanos. 

Por: Liliana Ortiz (IG: lilimarleen91

La reconocida cocinera suele ver belleza y arte en pasajes cotidianos, como una ida al Mercado de la Lagunilla, y claro, también en sus viajes a Londres. ¿Qué pasa cuando su forma de interpretar el mundo se convierte en una experiencia gastronómica y artística? 

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chef martha ortiz

Foto: Cortesía

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El día de ayer, miércoles 23 de junio, se celebró “We eat color” en el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro, evento multidisciplinario, que alimentó todos los sentidos, y el cual estuvo a cargo de la chef Martha Ortiz y Heidi Faulkner, presidenta del patronato del museo, quien fungió como directora de la gran orquesta de gastrónomos, artistas, músicos y hasta artesanos (en la parte de la elaboración de las vajillas). 

Más que una cena, se trató de una experiencia completa, la cual se llevó a cabo en las galerías del MACQ. Las exposiciones se desmontaron con anticipación y las paredes se convirtieron en un lienzo para que seis artistas contemporáneos las interviniera, al igual que las mesas y el espacio en general. 

Los participantes en esta etapa fueron: Marja Godoy (blanco), Ramsés de la Cruz (amarillo), MACQ (rojo), Azucena German (verde), Miguel Loyola (negro) y Salvador Herrera (psicodelia). 

we eat color

Foto: Cortesía

Cada galería estaba inspirada en un color, siendo seis en total: blanco, amarillo, rojo, verde, negro y psicodelia. Los 150 asistentes también contribuyeron al arte, pues sus vestimentas debían ser del color de la galería en la que iban a degustar sus platillos. Y así mismo la comida (por Martha Ortiz) y la vajilla, la cual, por cierto, fue elaborada ex profeso en un taller artesanal en San Miguel de Allende. 

“Después de haber vivido tanto tiempo hacia adentro (por la pandemia internacional), salir y ver que la vida está llena de colores y sabores es un brindis y un canto a la esperanza”, dijo la chef Martha en entrevista con GOURMET DE MÉXICO, para después mencionar que la experiencia celebrada estuvo a la altura de cualquier museo del mundo, y fue realizada con innovación, inclusión y pedagogía. 

La idea central del menú era crear sinestesia entre el sabor y el color. La chef Martha dijo que en este caso la narrativa fue primero y después la creación de los platillos. 

Para comenzar, el primer color fue el blanco, tiempo que llevó por nombre “No todo es perfecto” y estuvo compuesto por una horchata de guanábana y coco. A este le siguió el amarillo, con una “Sopa luminosa” de esquites con tuétano, insectos y ramilletes de flor de calabaza. 

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we eat color

Foto: Cortesía

La ensalada llegó con el color rojo, bajo el título de “El amor es contradicción” y estaba elaborada con tomates miniatura, betabel rostizado, espuma de queso de cabra y vinagreta frutal. Mientras que el verde fue “El sabor de la esperanza”, un ceviche de lobina con nieve de naranja. 

we eat color

Foto: Cortesía

El clímax estuvo representado por el “Magnánimo negro”, en forma de lengua de res con quelites y polvo de tortilla icendiada. Y por último, psicodelia, interpretada como “En el cielo de diamantes”, que consistió en un postre de mango y hierba santa, que reunió a todos los colores y sabores de la noche. Este último fue el predilecto de la chef. 

Las bebidas estuvieron a cargo de Casa Dragones, que presentó seis cocteles, cada uno inspirado en un color. Y de Vinos Wagner (casa de Caymus). Mientras que la música fue representada por la Orquesta Filarmónica del Estado de Querétaro, con piezas igualmente seleccionadas por color.  

“La gastronomía no solo es lo que estás probando, es el hilo conductor de una serie de ideas que te llevan a un color, a la música que representa ese color y al artista que lo une todo en un museo”, mencionó la gastrónoma al frente de Dulce Patria. 

Después de esta primera edición, la idea es que la experiencia completa se repita y viaje a otras partes de México y del mundo. Y que las voluntades de todos los que participaron se preserven y posicionen al Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro de forma internacional. 

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