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Un portal al pasado: The MITSUI Kyoto

Por: Melanie Beard 06 Feb 2026

Llegué a Hotel The MITSUI Kyoto como quien cruza un umbral invisible. El espacio parecía conocerme antes de que yo pudiera nombrarlo. La arquitectura, profundamente japonesa en su espíritu, dialoga con el presente sin perder memoria. Piedra, madera, agua y luz se entrelazan con una naturalidad que sólo nace del respeto.

Desde el primer paso que se toma en Kioto, algo en el aire invita a bajar el ritmo, a escuchar el roce del tiempo contra las cosas. Rodeada de montañas que parecen custodios silenciosos, la antigua capital imperial guarda una elegancia que se respira. Un portal al pasado, The MITSUI Kyoto nos lleva a conocer el alma más exquisita de la ciudad.

Por Melanie Beard

The MITSUI Kyoto

Un portal al pasado

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Llegué a Hotel The MITSUI Kyoto como quien cruza un umbral invisible. El espacio parecía conocerme antes de que yo pudiera nombrarlo. La arquitectura, profundamente japonesa en su espíritu, dialoga con el presente sin perder memoria. Piedra, madera, agua y luz se entrelazan con una naturalidad que sólo nace del respeto.

Caminar por sus pasillos era recorrer una línea sutil entre lo que fue y lo que es. Cada textura contaba una historia antigua, cada sombra tenía intención. El sonido del agua —constante, delicado— marcaba el pulso del lugar, como un mantra que recuerda estar aquí, ahora.

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Participar en las experiencias que el hotel propone fue abrir pequeñas ventanas al alma de Kyoto, como parte de un gesto compartido. Una ceremonia del té se convierte en una lección de presencia; una visita a un templo cercano, en un ejercicio de humildad. Todo sucede con una cadencia lenta, respetuosa, como si el tiempo aceptara plegarse a la experiencia.

Arte culinario como lenguaje

La cocina fue otro lenguaje, quizá el más elocuente. En TOKI, el restaurante insignia, entendí que comer también puede ser una forma de contemplación. Cada plato llegaba como una frase breve y precisa, cargada de sentido. La conversación entre la tradición japonesa y la técnica francesa no era un duelo, sino un encuentro delicado, donde cada una cedía espacio a la otra. El pescado, tratado con un respeto absoluto, parecía conservar la memoria del agua. Se deshacía sin resistencia, como si supiera que ese era su destino.

Hubo un momento —siempre hay uno— en que el cuerpo reconoce lo irrepetible. Un bocado de wagyu, tibio, profundo, acompañado por una emulsión tan ligera que parecía disolverse antes de tocar el paladar. Fue una experiencia más emocional que gustativa. El tiempo se suspendió apenas un segundo, lo suficiente para saber que ese instante quedaría conmigo. El servicio, atento y casi imperceptible, acompañaba sin interrumpir, como una respiración sincronizada.

Invitación a contemplar

The MITSUI Kyoto es una atmósfera, un estado interior. Cada gesto, por pequeño que sea, parece pensado para sostener la experiencia. Desde la manera en que se pliega una servilleta hasta el silencio que habita las habitaciones, todo invita a la introspección.

Japón se revela por capas, y Kioto es quizá la más profunda. Aquí, la tradición es una práctica viva. Caminar entre templos milenarios se convierte en un acto casi meditativo; escuchar el viento entre los bambús es atender a una voz antigua que aún tiene algo que decir. Es una ciudad que recompensa la lentitud y exige mirada atenta.

Para más información: The MITSUI Kyoto

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