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Entrevista: Enrique Rocha, sus ‘placeres sensoriales’

Por: Gourmet de México 18 Jul 2015
Actor. Imagen emblemática de la televisión mexicana. Voz insignia de productos y poesía por igual. Personaje que se revela en la pantalla para beberse la […]



	     Entrevista: Enrique Rocha, sus ‘placeres sensoriales’

Actor. Imagen emblemática de la televisión mexicana. Voz insignia de productos y poesía por igual. Personaje que se revela en la pantalla para beberse la vida y devorar la belleza.

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Aparenta ser un tipo rudo. No lo es. Enrique Rocha aparece en la puerta como si un reflector iluminara de pronto el escenario. Saluda con esa voz grave que lo distingue, que lo ha llevado a grabar la Biblia y a ser el distintivo de una marca de brandy. La Taberna del León, un restaurante lujoso, a media luz. Él escoge una mesa, selecciona un vodka y comienza la charla. “La carrera del verdaderamente actor es de una disciplina muy rígida”.

¿Sufriste al iniciar tu carrera?
Un poco. Comencé a hacer teatro experimental en la UNAM, pero con un gusto enorme. Llegó el día en que me llamaron para hacer el papel de Hamlet, de Shakespeare: el sacrificio más grande de mi carrera. Yo toqué muy rápido el éxito. También hay que saber ponerse en manos de un buen director, a mí me han tocado buenos, es parte de la disciplina. El actor es subordinado del director, del fotógrafo o de los caprichos del productor, pero sin ser su esclavo.

Has hecho papeles complejos en teatro, Cristo en cine, y muchísima televisión,  ese parece ser un mundo lleno de placeres…
Mucha gente confunde la actuación con la fama. La ‘estrella’ por lo general es más cómoda, rodeada de la frivolidad que implica el medio. Los placeres son adicionales.

¿Cuáles son las películas que más te han acercado al placer de tu propia actuación?
Kino: la leyenda del padre negro, dirigida por Felipe Cazals. Tengo dos o tres películas interesantes: Tiempo de morir, Muñeca reina o Alma pura. Me gusta mirar mi trabajo con la intensión de modificar y enriquecer al personaje, o corregir errores, eso es posible cuando hago telenovelas.

Quizá tu carrera ha sido marcada por papeles de villanos entrañables, ¿qué tanto sale ese otro yo del actor en estos casos?
Es como un sicoanálisis. Al ver al villano hay algo que te identifica, lo haces y te fascina, pero lo rechazas racionalmente; lo censuras pero lo sigues viendo, siempre hay algo de maldad en el hombre que puede salir, y así el público lo sublima. Mi contemporaneidad es gracias a la televisión y a esos papeles, para mí la tele y mi trabajo son un recreo.

¿Cuáles son tus placeres sensoriales?
Soy muy tolerante con los placeres. No soy alguien que busque algo especialmente. Tolero lo que ese día elijo o me dan. La comida francesa me gusta mucho, la mexicana me fascina; difícil decidir. Por lo regular no como mientras trabajo, me tomo algún whisky que me cae bien para endulzar un poco el alma y aligerar la tensión del día. Trabajando en televisión más bien me espera la cena y un buen restaurante, como una recompensa.

¿Cómo se dan tus diálogos fraternales alrededor de la mesa?
Como dicen, ‘panza llena corazón contento’. El diálogo entre las persona se da con mayor felicidad en un lugar bonito, alrededor de un espagueti o una buena carne, entonces la gente se vuelve más amable. En familia disfruto una paella y un buen vino, en especial de Borgoña. Me gusta la cepa pinot noir.

¿Esos diálogos también se dan con un director?
Invitas a un director a comer o a cenar, como a Jorge Fons; yo ahí le decía, ‘permíteme, no estoy de acuerdo contigo’, y el respondía, ‘si me convences, lo cambio’. Y algunas veces lo logré.

La luz se apaga y el actor sale, no sin antes dejar sobre la mesa, como rúbrica y epílogo, un trozo de papel con un verso del poeta Rainer Maria Rilke.

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EL CAMINO DE UN ACTOR
Enrique Rocha ha desarrollado su carrera principalmente alrededor de la televisión. Su labor teatral se dio al inicio de su carrera, mientras experimentaba y aprendía, a la par de la locución en Radio UNAM. En el cine su trabajo es un poco más prolífico, a lado de directores mexicanos insignia. Su voz es un sello que lo distingue y una herramienta más en su trabajo en los medios.

Gran admirador del cine de Akira Kurosawa y Federico Fellini, Enrique Rocha se considera un “catador de la belleza” al haber tocado a lo largo de su trayectoria diversas aristas del arte. La poesía es una constante que lo acompaña, debido a su búsqueda de ella, pero también gracias a la tesitura grave de su voz, que marca una huella al escucharla desde en comerciales, hasta en fragmentos de la Biblia que han quedado registrados en audio. La actuación lo ha llevado a vivir momentos únicos. Cuando hizo la película El proceso de Cristo, “al fotógrafo se le ocurrió sacarme imágenes para venderlas como estampitas, y una vez en mi tierra, Guanajuato, me pidieron que autografiara una foto de Jesús.” O la distinción de grabar los poemas de Karol Wojtyla (Juan Pablo II), para Latinoamérica.

Fotos Ignacio Auditore

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