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Mercado Melchor Múzquiz

Texto Historias de Comal @historiadecomal 

Bienaventurados los marchantes que van al mercado y salen con una compra puntual de su lista. Hay muchos otros que a pesar de tener una, no resistimos los antojos y los caprichos que pueden salirse de control. A veces ni las bolsas son suficientes para todo lo que se quiere llevar de regreso a casa: joyas a manera de infusiones, canastos de mimbre, frutas para la semana, guisados para el taco de la tarde, alguna palita de madera o una cuchara de peltre de ésas que nunca están de más en la cocina. En Melchor Múzquiz nos espera un canto para el amor propio, un estruendo que enchina la piel para cualquier mexicano, ya que en su exterior habita el mural de Ariosto Otero llamado De Tenanitla a San Ángel , un recordatorio de lo que Ramón López Velarde dejó inscrito en Suave Patria con letra firme y cariñosa: “tu superficie es el maíz, tus minas el palacio del Rey de Oros, y tu cielo, las garzas en desliz y el relámpago verde de los loros”, una estrofa que acompaña a Efraín Huerta y su Declaración de Amor , cuyos versos dan esperanza al decir que en la Ciudad de México el alba tiene corazón y que en su sangre corren un millón de flores y no hay cabida para la miseria.

Este mercado nació en 1958 y aunque ha tenido remodelaciones, no cambia su esencia, ya que los vendedores han estado aquí generación tras generación con sus ingredientes, objetos, comida preparada y una que otra curiosidad, como las lagrimitas en forma de botellas de licor que apenas con dos mordidas se desintegran en la boca y sueltan su relleno de anís, o la infusión de eucalipto con pétalos de bugambilia que hace maravillas cuando hay dolor de garganta y se está renuente a tomar medicamento.

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Por las mañanas, en el pasillo de la fruta nos saludan gustosas las frutas laminadas en forma de rehilete adornadas con crema batida y una lluvia de granola, junto a las gorditas de chicharrón que no deben faltar cuando se tiene el mandado ya hecho. También están las empanadas de camarón y los tacos de guisado para los huequitos y la hora del almuerzo. En medio del caos que provoca el ir y venir en los pasillos, la calma es anunciada en manojos de romero, laurel y tomillo, un trío fantástico para los caldos y guisados. Los chiles toman ritmo de sonaja acompañados de los moles de Milpa Alta, Puebla, Oaxaca y Veracruz que se encuentran al lado de las hojas de maguey y de totomoxtle para los tamales. No podían faltar los objetos para los aficionados al futbol y los devotos, como las estampas de la virgen de Guadalupe, San Juditas y San Pascual Bailón, milagrosos para diversas situaciones. Esto apenas sucedió en hora y media de mi recorrido; faltaría una vida para recolectar más postales de lo que se vive aquí día con día.  
 

 

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