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Hans Paul Backhoff: padre de la enología en México

En el Valle de Guadalupe, Baja California, se encuentra la vinícola Monte Xanic. Actualmente se trata de la mayor región vitivinícola del país, pero en los años 80 el panorama era devastador para la industria: el cierre de bodegas iba a la alza, la cultura del vino era prácticamente desconocida y los productos más conocidos eran europeos. 

Por ello, parecía improbable que la decisión de unos amigos en 1988 de abrir una bodega de vinos fuese a dar fruto. El nombre lo escogieron porque querían promover su esencia mexicana, pues los vinos son nacionalistas, determinados por la tierra en la que nacen. "Xanic" viene del cora (grupo étnico que habita la Sierra de Nayarit) y significa "la flor que brota de la primera lluvia", de ahí que su logo sea una flor.

Texto por Alejandra Alfaro @alejalfa

Hans Paul Backhoff fue uno de esos amigos y aunque nació en México, donde estudió Ingeniería Biomecánica, fue en Europa que comenzó a apreciar los vinos. En Londres, obtuvo su título en Food Science por el que regresó a su país natal, decidido a ayudar a sus connacionales. Aquí se convirtió en maestro de la Universidad Tecnológica de Monterrey en la que disfrutaba de enseñar a sus alumnos sobre la elaboración del queso, vino y cerveza. Juntos se iban a Hermosillo a comprar las uvas y guiados por él,  sus alumnos preparaban sus propios vinos.

Fuente: L'enfer des arts

Cuando regresó a Ensenada, reencontró a los amigos con los que formó Monte Xanic. Su primer vino lo sembró en la década de los 70 y para 1988 sacaron 6,200 cajas de Chenin Colombard y 1,200 de Cabernet Sauvignon. En ese entonces la industria en México funcionaba mal pues la cantidad era más importante que la calidad y Hans observó atentamente los elementos que la enología del país estaba dejando de lado.

Nadie producía vinos blancos, por lo que él y un socio empezaron a fermentarlos y resguardárlos en la casa de su amigo quien tenía un almacén refrigerado. Cuenta Hans, que un día la casa se llenó de monóxido de carbono y que en traje de buceo -uno de sus hobbies- entró al rescate de los vinos. En el futuro se volvieron más cuidadosos. 

Su naturaleza curiosa lo hizo además experimentar con varios tipos de uvas y procedimientos. Alguna vez se le ocurrió intentar hacer un ice wine. Para ello congeló uvas  hasta que se hicieron piedra. Al exprimirlas el líquido tenía 30 grados brix. 

Al viñedo introdujo variedades de uvas fracesas como: Petite Verdot, Malbec, Cabernet Franc y Merlot en tintas y Chenin Blanc. También trajo la uva Chardonnay y Sauvignon Blanc.

Para Hans, entender el funcionamiento de los viñedos en esa tierra era todo un reto pues comenzó con plantaciones de alta densidad, las cuales no funcionaban pues en ocasiones tenía uvas muy bonitas pero con poco sabor y color. Gracias a su conocimiento tecnológico metió sistemas de punta para medir el estrés hídrico para medir el nivel de agua que necesitaba cada planta.

Así fue como Monte Xanic fue despegando, dándose a conocer con los grandes consumidores de vino por su calidad. Tanta fue su popularidad que las bodegas fuertes se sintieron amenazadas e incluso comenzaron a vender su vino. Poco tiempo después Monte Xanic saltó al mercado internacional, lo cual fijó la vista del mundo en el vino de Ensenada y cada vez más enólogos se animaron a formar sus propios viñedos.

Fuente: egourmet

Hans tuvo tres hijos: Karla, arquitecta, Kristel, que importa vinos y Hans Joseph, quien en 2008 se hizo de la dirección de la bodega. 

En los años que siguieron, Hans no dejó de ser un entusiasta del tema, participando en numerosos congresos y festivales, innovando siempre en presentaciones y sabores. 

Hans Paul Backhoff revivió la industria en México, una que amo hasta el último momento y cuyo legado trascenderá más allá de lo que podamos ver.

 

Fuentes: Líderes mexicanos, Diario ejecutivo